CHIMALHUACÁN, México.— El marido de Gloria Galván se fue a Estados Unidos cuando ella tenía 27 años, cinco hijos de 16, 14, 12, 8 y 2 años, así como una renta mensual que pagar por un departamento de 40 metros cuadrados de dos cuartos y la cocina.
Dijo que se iba a California y nunca volvió. Ni envió dinero, ni llamó por teléfono. Gloria pensó que podría haber sufrido un accidente o haber muerto en el intento por cruzar la frontera hasta que, después de un año, la familia del hombre le dijo que él ya estaba viviendo "del otro lado" con otra mujer.
Para sobrevivir, la joven madre se volvió vendedora ambulante. De calle en calle juntó dinero para comprarse un terreno y construir una casita, donde ha visto crecer a su familia, en el piso de tierra y paredes de finísimas láminas metálicas.
Hoy, con 38 años, tiene tres nietos que sus hijas parieron de adolescentes. "Yo tenía que salir a trabajar y mis niños se quedaban solos… creo que la falta de autoridad hizo que perdieran el rumbo. Se embarazaron pronto, esto pasa cuando uno está solo", resume Gloria, una de las casi 900 mil mujeres mexicanas que han sido abandonadas por sus hombres emigrantes.
Son el otro lado de las remesas, que sostienen al país junto con los ingresos petroleros. Estas mujeres fueron abandonadas por el 15% de los seis millones de indocumentados que dejaron su familia en busca del sueño americano —sólo para ellos—, según cálculos de diversos organismos no gubernamentales, entre otros el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
"Ellas se quedan tranquilas porque creen que la separación será para darles a sus hijos una mejor calidad de vida", cuenta Lucía Ramírez, abogada del Consejo de Mujeres de Chimalhuacán, una organización en el Estado de México que actualmente tiene en sus manos 90 casos.
"Al ver sus sueños rotos, se desmoronan emocionalmente; se deprimen sin dinero ni amor... y no tienen fuerzas para tener integrada a una familia", agrega. "Trabajan en lo que pueden: son sirvientas, venden tacos…".
Regularmente, las esposas olvidadas por los paisanos son mujeres con un nivel educativo básico, sin capacitación para un empleo de salarios medios. Además, tienen en promedio tres hijos menores de edad, lo que limita sus posibilidades de movilización geográfica.
Los hombres que emigran tienen entre 25 y 35 años de edad. Son jóvenes que una vez en libertad se vuelven a enamorar y se unen a nuevas relaciones con las que tienen otros hijos y adquieren nuevas responsabilidades en Estados Unidos.
En otros casos, aunque menos, están presos, fallecieron por algún accidente automovilístico o se hicieron adictos al alcohol o las drogas.
Algunos, incluso, han regresado sólo para despojar del patrimonio a su ex pareja. Hace tres meses en Chimalhuacán, un migrante que tenía cinco años viviendo en Colorado llamó a su mujer para pedirle que vendiera la casa y así costear la unificación familiar. Tenían dos hijas.
"Con eso pagamos al coyote y el enganche de una casa acá para todos", dice. Luego regresó a México para transferir los fondos. Ella firmó todo y él se la llevó a Tijuana, donde la dejó, en un motel. Nunca más supo de él.
"Se quedan indefensas porque, por un lado, no saben qué hacer, desconocen todos los recursos [legales] a los que podrían recurrir. Por otro, no tienen dinero para tratar de buscar una pensión alimenticia", señala Gladis Pinto, presidenta de la Federación Yucateca de California.
Esta asociación, con sede en Los Ángeles, ha contactado con 58 familias en el abandono total en los municipios mayas de Cenotillo, Tecantó, Bokobá y Dzitas, en Yucatán, en el sureste del país.
Los niños dejan de ir a la escuela, algunos empiezan a ingerir alcohol o a consumir drogas, se quedan sin casa, luz, agua y tienen que vivir arrimadas en la casa de sus padres, una situación que, consideran los expertos, no es muy agradable ni sano.
Pinto opina que la Cancillería debería estar más activa para difundir los programas de apoyo, a fin de obligar a los padres que viven en Estados Unidos a dar una pensión alimenticia.
"Casi nadie los conoce", dice. "Y tienen casi 20 años".
El Programa de Asistencia Jurídica Internacional para cobro de Alimentos y la Restitución de Menores de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) opera desde 1989. Desde entonces, ha logrado que 3,500 padres de familia que abandonaron sus hogares en México otorguen una pensión alimenticia, el 95% de ellos, desde EU.
El gobierno estadounidense entrega anualmente alrededor de 700 mil dólares para estas familias en México, mismos que descuenta a los trabajadores en aquel país.
Aún están pendientes 1,800 casos de reclamos de pensión, que son peleados vía diplomática desde la SRE, principalmente porque no han podido localizar al demandado, que generalmente está en situación de ilegalidad.
Algunos municipios de alta migración, como Tarímbaro, en el estado de Michoacán, donde unas cien amas de casa se convirtieron en madres solteras debido al abandono que sufrieron de los paisanos, realizan esfuerzos por atender estos casos.
A través de la Oficina de Atención de Migrantes de Tarímbaro, se impulsa un programa que da una simbólica beca —con ayuda estatal y de los Clubes de Chicago y Minnesota— que mantiene a los niños en la escuela.
En otras entidades, como Hualahuises, en el norteño estado de Nuevo León, las autoridades, alarmadas por el creciente número de mujeres dejadas por el marido migrante, pidieron recientemente un fondo especial al gobierno federal para crear una empresa paraestatal que dé empleos a alrededor de 300 señoras en estas condiciones.
"El número de mujeres desamparadas alcanza cifras récord y cada año van en aumento", asegura el alcalde Gustavo Martínez.
"Éste sí es un verdadero problema de seguridad nacional… es un atentado contra el núcleo mismo de la sociedad: la familia", considera Pinto, de la Federación Yucateca.
"Hay que darle esa seriedad, los esfuerzos no pueden hacerse a nivel local. Hace falta una campaña en todo el país: los migrantes no somos lo máximo, también solemos ser un montón de desobligados".













