Integrantes de la Misión San Felipe de Jesús desarman su lugar de trabajo en la escuela Las Palmitas. A la izquierda, uno de dos edificios abandonados que compró DACE y que serán liquidados al condado de Riverside por 60 mil dolares. (FOTO: Aurelia Ventura/La Opinión)
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Tercera parte

Más de cien familias viven aglutinadas en viejas casas móviles en las inmediaciones de un terreno envenenado con arsénico

Es el "parqueadero San Antonio", como le conocen a esta comunidad del condado de Riverside localizada a menos de tres horas de Los Ángeles y en donde la concentración de arsénico en el agua es cinco veces mayor que el nivel máximo permitido (10 microgramos por litro).

Por la pobreza de sus residentes, casi todos campesinos, este asentamiento ilegal es la única posibilidad de vivienda para ellos.

Para estos campesinos, y para los cientos que viven como ellos (se estima que hay más de 300 asentamientos ilegales en el condado), la esperanza de mejorar sus deprimentes condiciones de vida radicaba en la organización DACE (Alianza del Desierto para el Fortalecimiento de Comunidades) una agencia financiada con dinero de los contribuyentes que se formó 10 años atrás y cuyo mandato era ayudar a zonas de extrema pobreza llevándoles sistemas de agua potable, estudios para infraestructura, mejoramientos de viviendas, entre otros.

Pero nada de ello sucedió. En 10 años, DACE ha edificado bancos, complejos habitacionales, centros comerciales y reparado decenas de propiedades.

El problema, dicen líderes comunitarios, campesinos y hasta los propios miembros del consejo directivo de DACE, es que estos proyectos obedecen a los que más tienen y no a las necesidades reales de los pobres.

"La Zona de Desarrollo ha sido la mejor oportunidad que la comunidad ha tenido en la historia de las comunidades campesinas y no se empleó correctamente", dice Fred de Haro, uno de los iniciadores de este proyecto.

En el papel, los casi doscientos proyectos de DACE parecen sacados de un sueño, pero la realidad demuestra que millones de dólares se gastaron en edificios derruidos, terrenos baldíos y una lista interminable de proyectos que quedaron en el limbo. Miles más simplemente se esfumaron sin control.