En julio perdió su trabajo y el 30 de septiembre su apartamento en El Monte. Ahora Arturo Muñoz duerme frente al albergue Midnight Mission, en Skid Row, entre bolsas de ropa, drogadictos, enfermos mentales y algunos latinos, que al igual que él, han perdido sus hogares por la crisis económica.
Arturo, de 47 años de edad, ya se acostumbró al penetrante olor a sudor de la gente que le rodea, así como a la peste de los orines que no se van ni con el rocío de la mañana, pero no se acostumbra a la idea de no tener un techo.
"Todos los días busco trabajo. Todos los días desde que me descansaron en la empresa donde trabajaba, simplemente no hay trabajo y sin trabajo no hay apartamento", dijo Arturo, quien es residente permanente y vive en Los Ángeles desde hace 10 años.
De acuerdo a las cifras más recientes del Departamento de Trabajo, los latinos son el grupo que se ha visto más afectado por la falta de trabajos, alcanzando una tasa de 7.8% de desempleo, mientras que los asiáticos tienen un 3.8% y los blancos 5.4%.
La mayor pérdida de trabajos se ha dado en los sectores de la construcción, manufactura y comercio minorista, que son las industrias que más emplea a los latinos.
Arturo, quien toda su vida ha trabajado en la construcción, teme morir en las calles asesinado por algún drogadicto que busca algunos dólares o ser atacado por un loco mientras duerme.
"No hay nada que hacer aquí. En este país ya no hay trabajo, yo mejor me voy a regresar a Guadalajara (México). Me voy la próxima semana", dijo con voz contundente Arturo, mientras hacía fila para el café gratis de la mañana, en la esquina de las calles Wall y la Sexta, a un costado del albergue.
Al momento en que Arturo dijo que se regresaría a su pueblo natal, unos cuatro hombre latinos que también hacían fila, manifestaron en voz alta que también se regresarían pronto.
"Es que no hay nada más que hacer. Yo también me voy. La crisis está muy dura y no hay trabajos por ningún lado. Para estar pasando necesidades aquí, mejor las paso en mi tierra, con la gente que lo quiere a uno", dijo Carlos Hernández, de origen mexicano, quien estaba atrás de Arturo.
Virginia Kice, portavoz de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), dijo que no hay cifras oficiales de cuántas personas se regresan voluntariamente a su país de origen.
Según un reporte reciente del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (CIS), desde agosto de 2007 a julio de 2008, unos 1.3 millones de inmigrantes indocumentados se han ido de Estados Unidos. Sin embargo, el Centro Hispano Pew considera que son alrededor de 500 mil personas las que han dejado el país.
También, el informe de CIS indica que "datos mensuales recolectados por la Oficina del Censo hasta mayo de 2008 muestran una reducción significativa en la cantidad de inmigrantes hispanos jóvenes con poca educación en el país. Las evidencias indican que la población ilegal inmigrante se ha reducido más de un millón en el último año".
Roberto Ramírez, quien también estaba en la fila del café gratis en Skid Row, dijo que él tiene tres meses en condición de indigencia y que cada día se dice a sí mismo que si no encuentra trabajo pronto se regresará a México.
"He esperado a que la situación económica mejore, pero no da señales de que vienen tiempos mejores. Yo quiero trabajar un par de días para tener dinero para regresarme. Hasta para regresar se necesita dinero", dijo Roberto, con mirada triste y voz decepcionada, quien al igual que Arturo y Carlos, está en la calle por la falta de empleos en la industria de la construcción.
Al respecto, Jorge Mario Cabrera, director de educación comunitaria de la Coalición de Los Ángeles para Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA), aseguró que hay un sentimiento generalizado entre los inmigrantes de que si la economía no repunta pronto, regresarán a sus países.
"Es interesante que por primera vez estoy escuchando a la gente que le dice a sus familiares que no se vengan o que estaban mejor en sus pueblos. Un señor me dijo que por lo menos en su país tenía una casita y comida, y que aquí después de pagar la renta no le quedaba dinero para nada más", comentó Cabrera.
"Hay gente que nada más está esperando ahorrar para el autobús o para el avión", concluyó el activista.