Las remesas son buen negocio para las familias y el gobierno. Archivo
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Cada mes, religiosamente, José Heredia acude a la sucursal de Western Union en la esquina de la calle Figueroa y avenida 54, en Highland Park, para enviar los 300 dólares con los que mantiene a la esposa y tres hijos que tiene en San Miguel Totolapan, en el estado mexicano de Guerrero.

"Para la comida, la escuela, para lo que se les ofrezca a los chamacos", dice sobre el destino del dinero que se gana haciendo hamburguesas.

Así como el señor Heredia, son miles los mexicanos que envían dinero a sus pueblos de origen para sostener a sus seres queridos.

Pero ese dinero no sólo mantiene a las familias mexicanas, sino que ayuda a sostener la salud del sistema fiscal mexicano al aportar el 4% de la recaudación tributaria de ese país por concepto del Impuesto al Valor Agregado (IVA), según un nuevo estudio dado a conocer ayer por la Alianza Nacional de Comunidades Caribeñas y Latinoamericanas (NALACC).

Las remesas de dinero que envían los mexicanos desde Estados Unidos, estableció Óscar Chacón al presentar el estudio en la Ciudad de México, además de aliviar la pobreza de ese país, también se traducen en cuantiosos ingresos tributarios.

El estudio, titulado Contribuyendo con su parte: Contribuciones de los migrantes a la salud fiscal de El Salvador y México, aborda la manera en que los envíos que hacen los migrantes se convierten en dinero para el estado mexicano a través del IVA.

De acuerdo con el Banco de México (Banxico), durante el 2009 se captaron 21,181 millones de dólares en remesas procedentes de Estados Unidos, lo que representa casi el 16% menos que el año previo, cuando se recibieron 25,137 millones de dólares.