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MÉXICO, D.F.— El cisma de la izquierda mexicana alcanza estos días su clímax en la deprimida delegación de Iztapalapa, una de las más grandes y peligrosas de la capital, donde dos candidatas protagonizan una rocambolesca lucha por el poder.

"Yo estoy con Silvia, gane o pierda. Yo estoy con Silvia", dijo ayer Elena, una señora de 60 años, que bordaba tranquilamente sentada en un parque. "Porque hay que salir, no quedarse en casa y deprimirse".

Esta zona del este de Ciudad de México es decisiva para cualquier cómputo electoral, con sus dos millones de habitantes.

El 5 de julio, como en el resto del país, participará en la elección legislativa y las autoridades municipales.

En este feudo tradicional de la izquierda —aquejado de una endémica falta de agua pero que se inunda casi con cada tormenta—, Clara Brugada y Silvia Oliva se disputan la jefatura en lucha fratricida.

Ambas partieron como precandidatas del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), tercera fuerza política del país y dividido en familias según su apoyo o desdén al ex aspirante presidencial Andrés Manuel López Obrador.

Brugada, partidaria de López Obrador, ganó las primarias perredistas de Iztapalapa; Oliva las impugnó ante el Tribunal Electoral y le arrebató la candidatura. Ante esto, Brugada y López Obrador sacaron a su gente a las calle y fraguaron una curiosa estrategia.

"Ganó Clara Brugada y se la quitaron, qué pasó, hombre... Todos estamos de acuerdo en el pueblo de Iztapalapa que salga Clara Brugada", apunta, Toño, un frutero.

La solución de López Obrador —que se niega a reconocer su derrota en las presidenciales de 2006 y lo achaca a un fraude "de la mafia"—, enfrentado con la dirección del PRD, es que la gente vote por otro candidato, y si éste gana decline en favor de Brugada.