Bogotá/corresponsal edlp — Tras un año en que las marchas indígenas tuvieron un protagonismo relevante, y cuyo broche de oro fue la llegada a Bogotá de 20 mil indígenas, para denunciar sus problemas de tierra, violaciones a los derechos humanos y acceso a la salud y educación, estas comunidades aunque resaltan su proceso, se declaran en riesgo.
Para el presidente de la Organización Nacional Indígena, ONIC, Evelys Andrade, las protestas demostraron que el movimiento indígena está vivo. “Le hemos planteado al Gobierno que no puede seguir construyendo un Estado tomando decisiones que excluyendo a la sociedad civil”
Abadio Green, de la Organización Indígena de Antioquía, opinó que sin bien se logró una visivilización de su situación, la sociedad se olvida fácilmente. “Sigue siendo una soledad enorme en este país, porque todavía se piensa, como si la situación de los pueblos indígena fuera una cosa aparte”.
Aida Quilcué, máxima líder del Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, opinó que si bien el año pasado se logró consolidar la unidad de estas comunidades, esto trajo otros problemas.
“En cierta medida el movimiento cogió mucha fuerza y se trascendió, pero en esa trascendencia se vuele mas riesgoso, porque las tensiones son más fuertes”, explicó Qulicué, cuyo esposo, Edwin Legarda, fue muerto en confusos hechos por tropas del Ejército Nacional, en diciembre de 2008, en zona rural del municipio de Totoró, Cauca.
Según el último censo de 2005, en Colombia hay un millón 350 mil indígenas, agrupadas en varias etnias a lo largo del país, quienes comparten la problemática común de estar en medio del fuego cruzado del conflicto colombiano.







