El reciente escándalo de presunto espionaje se ha convertido en la espada de Damocles de las complejas relaciones entre Perú y Chile, dos países enfrentados por una guerra en el pasado y con un conflicto fronterizo pendiente, pero unidos por lazos comerciales y migratorios propios de países vecinos.
Desde que asumió en 2006 la presidencia peruana, Alan García se propuso acercarse a Santiago y mantener por cauces separados los lazos comerciales y la demanda que su Gobierno presentó en 2008 ante la Corte Internacional de Justicia para delimitar su frontera marítima con Chile.
Con el escándalo de espionaje, que García atribuye a algunos sectores conservadores chilenos y no a su colega Michelle Bachelet, las relaciones se vuelven más complejas.
Si bien García salió a apelar a la "serenidad", no dudó en decir que el escándalo deja a su vecino "muy mal ante el mundo".






