TIJUANA, México.— Aquí todos los días se lidia con la muerte. Un archivero con más de 500 carpetas da cuenta de quienes han muerto en este refugio para enfermos de sida en fase terminal. Marina Monárrez es una más de las que se ha sumado a ese registro y a la fatal estadística que ha convertido a México en un país con epidemia de sida.
"Aquí constantemente se mueren, se mueren unas dos personas por mes, antes hasta siete por quincena, cuando no había medicamento ni recursos para trasladarlos a un hospital, eso fue cuando abrimos, en 1999", dice Daniel Bahena, coordinador de medicina de la Casa Hogar Las Memorias.
Este lugar, ubicado en una apartada colonia de caminos de terracería llamada La Morita, se ha convertido en la antesala de la muerte para muchos de los infectados con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Como lo fue para Marina, una joven a quien el sida aniquiló la mañana del sábado 5 de abril a sus 31 años de edad.
En México, el 76% de las mujeres con sida se ubican en las edades de los 15 a los 44 años de edad, según el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (CENSIDA).
"Para nosotros es normal ver morir aquí a la gente", comenta Bahena con cierto desenfado.
Pero en este albergue también muchos infectados de VIH encuentran una mejor calidad de vida, porque se les provee de antirretrovirales para sobrellevar la enfermedad.
Muchos de esos beneficiados son enfermos de sida que frecuentemente Estados Unidos deporta y que al suspender sus tratamientos recaen, siguen en la adicción y ya muy poco se puede hacer por ellos.
"De un 25% a un 30% de la gente que atendemos son deportados", calcula Antonio Granillo, director de Las Memorias. "Son personas que están enfermas y que ya no pueden regresar a Estados Unidos, dejan a sus familias allá y no pueden volver, pero muchos se integran a la sociedad y algunos hasta se convierten en servidores del albergue".
En los últimos años, asegura Granillo, la calidad de vida ha aumentado y el índice de mortalidad ha disminuido. "Son más los que se han dado de alta por mejoría y que se reintegran a la sociedad", comenta.
En Estados Unidos, según cifras del Centro de Control de Enfermedades (CDC), los casos reportados de sida en el último año aumentaron en un 48% y se estima que actualmente hay más de un millón de infectados en todo el país. Al menos uno de cada cuatro no saben que tienen el VIH, alerta el CDC.
Mientras que en Estados Unidos se estima que cada año hay 60 mil nuevos contagios y 14 mil muertes, en México se cuentan alrededor de cinco mil nuevos casos anuales y alrededor de 4,500 decesos.
Mano amigaLas Memorias es un albergue subsidiado en parte por el gobierno de Baja California y en parte por el apoyo que recibe de organizaciones caritativas que se encargan de hacer donativos. El día que murió Marina varios miembros del movimiento cristiano Asambleas de Dios viajaron de Los Ángeles a Tijuana para llevar comida y ropa a los enfermos.
"Venimos a traerles comida, ropa, algunos regalitos, pero principalmente venimos a traerles la esperanza de la salvación, la palabra de Dios, porque es triste, porque desgraciadamente son personas que están en sus últimos días y nosotros tratamos que esos últimos días los vivan de la manera mejor posible y más que todo que tengan una esperanza de saber a dónde van", comentó Trino López, representante del grupo religioso.
Además de los donativos, los mismos pacientes trabajan en un taller de carpintería de Las Memorias donde hacen muebles para venderlos y hacerse de recursos.
Granillo dice que desde enero de 2007 el gobierno de Baja California les ha venido apoyando mensualmente con 40 mil pesos (unos 3,700 dólares), aunque los gastos superan los seis mil dólares cada mes.
"Tenemos una cuadrilla de trabajadores que salen a hacer servicios a la comunidad, trabajos de albañilería, carpintería, y ahí pues ya es una entradita más para la casa, además de que salimos al tianguis a vender ropa que nos sobra cuando recibimos donativos", dijo Granillo.
Ramón Pérez es uno de los 44 ocupantes de la casa-hogar que anda en silla de ruedas porque el pasado 18 de febrero fue atropellado en una calle de Tijuana mientras vendía bolsitas de fruta.
De 47 años de edad y originario de Villa Obregón, Jalisco, hace 15 años le detectaron el virus y algunos años atrás ya había estado internado en Las Memorias.
"Es la segunda vez que vengo, la primera vez me puse bien, estuve nueve meses, estaba más gordo que tú, bien animado, pero caí en una depresión y volví a las drogas", comenta este hombre de rostro seco.
¿Cómo es vivir aquí?
"Suave", dice Ramón, "pero duele ver a los que se mueren, yo trato de voltearme, de no pensar en la muerte, a mi me ha tocado ver como a siete personas que se han muerto… se siente gacho, sé que me va a pasar, pero no ahorita, tengo 15 años con esto, sobreviviendo… y voy a durar más, nada más que me reponga poquito, que me den mis medicamentos y no suspenderlos".
Miguel González Rodríguez es otro de los que duermen en el cuarto de "los aislados", donde murió Marina. Él tiene tuberculosis y sida. La muerte de su compañera de cuarto le hace recordar que ese será su destino.
"Nadie sabe lo que nos va a suceder más pa’delante en la vida, como que siente uno algo acá pues, de que le puede pasar a uno si no le echa ganas, sé que si no le echo ganas me voy a morir", dice este chiapaneco de 27 años de edad que hace cuatro años llegó a esta ciudad con miras de cruzar la frontera para trabajar en Estados Unidos. "No pude cruzar y me dio por andar ahí, usando drogas y metiéndome con las morrillas igual que uno, me sentía solo, sentía que ahí estaba la solución, pero no era así".
Yanira Selene Limón Helú tiene 37 años de edad y sida. Hace casi un año se lo diagnosticaron. "¿Qué esperaba? Andando en las calles ya me lo esperaba, era lógico, trabajaba de bailarina en un bar y usaba drogas", dice resignada y con cierto ánimo de que saldrá adelante.
Yanira lleva nueve meses en este albergue y así como vio morir a Marina la mañana del sábado, ha visto a varios más.
"A la primera que vi fue a Berenice, que me tocó envolverla, cuando murió Margarita, que la atendíamos también, la bañábamos, le cambiábamos de pampers, le curábamos las llaguitas, pero ella sí luchaba, se levantaba, empezaba a caminar… está Celia también, que luchaba; Jessica, que estuvo aquí, se fue y volvió ya muy malita, a Rodrigo también, tenía meningitis… en estos nueve meses he visto morir a un chingo, David, don Óscar, este Sergio Montes, doña Josefina, Hóger, se me hace que se llamaba así… y ahora a Marina".
Yanira se recarga en una de las paredes del cuarto de "los aislados", echa un vistazo a las siete camas y reflexiona: "Prácticamente vivimos con la muerte, sí, vivimos con la muerte, porque pues aquí vemos la muerte, estamos entre vida y muerte, si quieres vivir o morir, el que quiere vivir le echa ganas y el que quiere morir, pues no le echa ganas, se encierra en su mundo y no acepta la enfermedad".
El sida en MéxicoMéxico es un país clasificado con epidemia de sida, aunque relativamente estable, ya que se encuentra concentrada en grupos de población que mantienen prácticas de riesgo, como hombres que tienen sexo con hombres, trabajadoras del sexo comercial y usuarios de drogas inyectables. Sin embargo, para el CENSIDA, el reto consiste en evitar que la epidemia se generalice a la población en general.









