En este asentamiento viven unas 7,500 personas, según un censo del gobierno, aunque los propios pobladores admiten que el número crece a diario. (FOTO: EFE)
1/2

BUENOS AIRES, Argentina.— Miles de personas olvidadas por los planes oficiales argentinos de obras públicas y angustiadas ante un inminente desalojo, ocupan una superficie de más de cien hectáreas, cercana a los accesos a Buenos Aires, con la esperanza de cambiar sus precarias casillas por viviendas dignas.

Aunque es el mayor asentamiento de la periferia de la capital argentina, montañas de residuos hacen las veces de empalizada, queda prácticamente invisible para los automovilistas que circulan por el Camino Negro, transitada autovía que conecta la ciudad con el sur de su cinturón urbano.

"La idea es resistir pase lo que pase. De acá no nos vamos", dice Mario, uno de los tantos vecinos de barrios aledaños a los que se les hizo imposible pagar la renta de una vivienda y ese predio se convirtió prácticamente en la única opción para "no tener que dormir en la calle" junto a su familia.

En el lugar, al que la gente llama "17 de noviembre", ya que fue tomado ese día del mes pasado, viven unas 7,500 personas, según un censo del gobierno de la provincia de Buenos Aires, aunque los propios pobladores admiten que el número crece a diario.

Cuatro días después de la ocupación del terreno, que llevaba décadas vacío, la policía intentó desalojarlo en una operación en la que hubo balas de goma y gases lacrimógenos y resultaron heridas siete personas, una de ellas un efectivo de las fuerzas de seguridad.

Los vecinos, tanto argentinos llegados desde distintos puntos del país como inmigrantes paraguayos, bolivianos y de otras naciones limítrofes, resistieron con un bloqueo del Camino Negro que duró más de cinco horas.

"Las tierras tienen dueño, los impuestos están al día", sostuvo Julio Massara, secretario de Obras Públicas de Lomas de Zamora, municipio que, según dijo, entablará "negociaciones con la familia propietaria para fijar una cifra de compra".