MÉXICO, D.F.— Presuntos narcotraficantes vestidos con uniformes militares y de la policía federal, que viajaban en vehículos tipo Hummer, asaltaron un tren de carga que transportaba a cientos de migrantes centroamericanos como polizones y secuestraron a 12 mujeres.
"Eran las más jóvenes y bonitas", narró uno de los testigos que se encontraba en un paraje del municipio de San Pedro Tapanatepec, Oaxaca, al sur del país, donde ocurrieron los hechos el pasado 5 de noviembre.
De acuerdo con diversos organismos no gubernamentales, tan sólo en Tapachula, Chiapas, en la zona limítrofe sur, más de 21 mil centroamericanas son prostituidas en burdeles, casas clandestinas y bares de Tapachula, México.
Además suelen ser victimas de explotación laboral, extorsiones y todas las modalidades de explotación sexual.
"Esto es un problema viejo", señala en entrevista telefónica el sacerdote Alejandro Solalinde, fundador del albergue Hermanos por el Camino de Dios, en Ixtepec, ciudad cercana al sitio del rapto, donde recibió a los migrantes que atestiguaron el rapto.
"Lo preocupante es que el crimen organizado también se estén metiendo en estos negocios".
En diversas ocasiones, el clérigo ha apoyado a migrantes que han sido atacados por supuestos integrantes de los Zetas, sicarios del cártel del Golfo. "Tenemos sospechas de que fueron los que se llevaron a las jóvenes", aventura. "A ellos no hay quien los detenga. Hace poco asaltaron en la garita de Tapana (también en Chiapas) y entraron por migrantes".
Los indocumentados relataron que las enormes Hummers eran color blanco y con placas de Baja California. Flanquearon el tren y, desde las ventanas, los agresores dispararon al aire para que los centroamericanos se asustaran y corrieran despavoridos. Así los acorralaron.







