La noticia cayó como un balde de agua fría: las remesas enviadas a México por los emigrantes se fueron en picada en el mes de agosto, una reducción del 12.2 por ciento con respecto al mismo mes del año pasado, la peor caída desde 1995, año en que el banco central inició a contabilizar este tipo de divisas.
Para los primeros ocho meses se recibieron 15 mil 553 millones de dólares, una cantidad 4.2 por ciento menor con relación al 2007, de acuerdo con el reporte presentado por el Banco de México.
"El impacto negativo se va a sentir en las comunidades rurales con una población menor a los 2,500 habitantes y con esto incrementará el nivel de pobreza", advirtió Rodolfo García Zamora, investigador del doctorado en Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas, experto en el tema de remesas.
"Estas familias van a entrar en una condición de miseria extrema y el gobierno no tiene ningún programa emergente. Es decir, nadie va a reemplazar ese dinero con nada", señaló Samuel Schmidt, director del programa de Estudios de Norteamérica del Colegio de Chihuahua.
"Esta caída aumentará la desigualdad y generará tensiones sociales", previó Cuauhtémoc Calderón, investigador del Colegio de la Frontera Norte.
Un 17 por ciento de la población recibe dinero de sus familiares que trabajan y viven en EE.UU. y el 57 por ciento las emplea en gastos de primera necesidad, de acuerdo con estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo.
Para el Banco de México la reducción en las remesas -que representan la mayor fuente de ingresos en el país después del petróleo- tienen sus causas en la desaceleración de la economía estadounidense, que ha impactado principalmente la construcción que da empleo a un 21.5 por ciento de los trabajadores inmigrantes de origen mexicano.










