MÉXICO, D.F.— Fugas y motines en penales, bombazos, secuestros, extorsiones y terror psicológico son las cartas de delictivas que durante las últimas horas se atribuyeron a Los Zetas, gatilleros del Cartel del Golfo cuyas operaciones se han diversificado por todo el país.
Su más reciente fechoría habría sido apoyar la fuga de 17 reos —la mayoría de ellos procesados por delitos del fuero federal— en el penal de la ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas, ayer por la madrugada.
Según las primeras indagatorias realizadas al personal del penal, cuatro elementos de seguridad (que desaparecieron junto con los prófugos) facilitaron la salida e incluso dieron las llaves para que los malhechores salieran por la puerta principal.
Se trata de la quinta fuga que se consuma en la presente administración de este municipio donde Osiel Cárdenas, uno de los principales barones de la droga en el país, reclutó a los primeros Zetas: militares de alto rango que el gobierno envió para combatir al Cartel del Golfo.
Iniciaron su trabajo entre los narcotraficantes como agentes de inteligencia y como sicarios; sin embargo, tras la captura de Osiel (en 2003) Los Zetas comenzaron a expandir sus operaciones en otras áreas de la delincuencia hacia el sureste mexicano y de ahí saltaron a todos los estados.
Así el panorama: en menos de 24 horas alrededor de 130 presos del penal de Topo Chico, en Nuevo León, realizaron dos motines en los que tuvieron que intervenir incluso las fuerzas federales para contenerlos.
El secretario de Seguridad Pública del Estado, Aldo Fasci, informó que la trifulca se debió a que Los Zetas quieren tomar el control del reclusorio para extorsionar, cobrar derecho de piso y brindar protección a cambio de cuotas mensuales al resto de los reos.










