Ramón Hernández, preso durante 37 años, se encuentra desahuaciado en las instalaciones médicas de Vacaville. Araceli Martínez/ La Opinión
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Enfermo del hígado y con los pulmones arruinados, conectado a un tanque de oxígeno las 24 horas, Ramón Hernández tiene los días contados.

"Puedo morir en un par de días o en seis meses", dice Hernández de 57 años, 37 de los cuales los ha pasado en prisión por haber cometido un doble asesinato.

Arrepentido y con remordimientos por sus crímenes pasa sus últimos días en la residencia de desahuciados en Vacaville , una de las cuatro instalaciones médicas a donde se envía a los presos de California con enfermedades crónicas o mentales serias.

"Esta es la mejor atención médica que he recibido en prisión", afirma Hernández, para luego agregar que si presos como él — a punto de morir— fueran liberados y entregados a sus familias, no serían un riesgo para la comunidad porque "apenas nos podemos mover".

Sin embargo, aunque su estado es crítico, Hernández no sería parte de la propuesta de ley SB1399 del senador demócrata de San Francisco, Mark Leno, para dejar en libertad condicional a los presos a quienes les quedan seis meses de vida debido a que cometió un asesinato. Tampoco aquellos que han sido condenados a través de la ley Tres Delitos y Fuera, o los sentenciados a muerte.

Clark Kelso, interventor federal del sistema de salud de las prisiones estatales presentó junto con los legisladores demócratas Juan Arámbula, de Fresno; Leno,de San Francisco; Cathleen Galgiani, de Tracy y Bonnie Lowenthal, de Long Beach, un paquete de cuatro propuestas de ley que, de ponerse en marcha, ahorrarían al estado entre $350 millones y $400 millones por año.