Andrea María Pulgarín Ochoa era una de esas raras estudiantes a quien le gustaban las matemáticas.
Eso de estar clavada en los números no la convertía en la chica más popular de la escuela donde estudiaba, en la Normal Superior María Auxiliadora de Copacabana, en Antioquía, Colombia.
Gracias a esa pasión por las ecuaciones, hoy en día, a sus 36 años, es una de las pocas científicas latinas que predomina en el mundo de la nanotecnología, un campo de las ciencias aplicadas dedicado al control y manipulación de la materia a nivel de átomos y moléculas.
"La cosa es que sí me gustan las matemáticas, pero a lo último, en lo que hago, que es materiales experimental, no hay tanta matemática, pero eso me llevó a lo que es la nanotecnología de materiales", dice.
Detrás de ese escritorio que ocupa en la Universidad del Sur de California (USC), donde es profesora asistente en el Departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial, quien ahora se llama Andrea M. Hodge al adoptar el apellido de su esposo, cuenta sobre la necesidad de introducir a los niños en el mundo de las ciencias, donde los latinos parecen estar muy rezagados.
"Tal vez no son expuestos desde temprana edad a las ciencias, no creo que no les guste, porque la ciencia nos fascina a muchos, y hay gente superdotada, la gente asocia la ciencia con las matemáticas y que no les gustará, pero es algo más, hay que tener intuición, inspiración, es algo muy creativo", dice.
Para esta científica latina (por su origen de Medellín), los niños deben ser encaminados a la ciencia cuando se les ven sus habilidades creativas.







