Pobreza y prosperidad; las dos caras de Los Ángeles, una de las economías más vibrantes del planeta, y al mismo tiempo, capital de los desamparados y centro de varias economías subterráneas, sórdidas y persistentes.
Los indicadores negativos abundan en un cuadro que se propone abarcar una década de crecimiento y retrocesos en la metrópoli angelina en el reporte Historia de dos ciudades presentado ayer por United Way.
Uno de los más tangibles es que la tasa de trabajadores pobres en esta sociedad es mucho mayor en el condado de Los Ángeles que en California y el país, y que la tasa de graduación en la secundaria no pasa del 60%, muy por debajo del 70% nacional.
El primer diagnóstico de Los Ángeles a cargo de United Way fue dado a conocer en 1999, apenas unos años después de la conmoción de 1992 provocada por el incidente Rodney King. Esta, que se saldó con una violencia que no se había visto desde 1965 en esta ciudad, engendró varios esfuerzos para zanjar la brecha social que divide a los angelinos.
Según el reporte de la organización, un millón de residentes del condado, 15% del total, vive en la pobreza, es decir que sus ingresos (en el caso de una familia de cuatro) son inferiores a $22,000 anuales. Casi 100 mil familias ingresan menos de $10,000 al año, en tanto que uno de cada cinco niños vive en laindigencia.
"Los salarios se han estancado excepto en el caso de los pudientes; ese no es el tipo de indicadores que queríamos ver", expresó Elise Buik, presidenta y CEO de United Way, agregando que la porción de los salarios que una familia destina para pagar la vivienda es cada vez mayor. Para colmo, dijo, todos los avances obtenidos en la década anterior fueron barridos por la recesión que empezó a finales de 2007.
Sin antes de la actual contracción económica Los Ángeles ya se encontraba en crisis, pone de relieve el reporte, ahora está en peligro de deslizarse aún más hacia el fondo, y aunque todos los grupos han sido impactados por la recesión y el desempleo, el peso de la calamidad se ha cebado especialmente en las minorías.
Si bien el 8% de los blancos son pobres, los respectivos porcentajes de afroamericanos e hispanos que se encuentran en esa situación, 19% y 20%, son mucho mayores. En términos de instrucción en particular, sobresale el poco acceso de las minorías a la educación universi-taria.
Manuel Pastor, profesor de Geografía y Estudios Americanos y Étnicos de la Universidad del Sur de California (USC) dijo que a pesar de los tintes grises que se encuentran en el reporte, este también contiene datos positivos.
Si se aprecia el cuadro completo de datos recaudados por United Way, expresó, se observa que la tasa de adolescentes embarazadas disminuyó, que la atención materno infantil ha mejorado y que el sida retrocede, todo ello gracias a la adopción de políticas dirigidas a revertir esos factores.
A ello se agrega, explicó, el incremento de las escuelas de párvulos, el porcentaje de maestros certificados y el número de estudiantes que se matriculan en cursos de ciencias y matemáticas, además de una subida en el rendimiento académico en las escuelas públicas.
"Si prestamos atención a los problemas y cambiamos las políticas, podemos hacer progresos", dijo.
Aunque los afroamericanos y los hispanos muestran menor instrucción que los blancos, entre 2000 y 2008 el porcentaje de estos últimos que terminaron el bachillerato pasó de 35% a 45%, y de 7% a 10% el de graduados universitarios.
Buik dijo que en la medida en que Los Angeles hace su parte para reconstruir la economía, debe enfocarse en promover industrias y sectores que pagan buenos salarios, y en general adoptar las fórmulas exitosas de estos diez años.
"Había un enfoque [en un problema] y fondos para ello"’, dijo refiriéndose a programas como Familias Saludables y aún en el terreno de la seguridad pública.
"Cuando el sector privado, los sindicatos, el gobierno y las ONG se unen podemos acelerar los avances, y eso es lo que tenemos que hacer", afirmó.