En pocas horas, hacen ‘su agosto’. Un local de venta de fuegos de artificio en Maywood, ayer. [Foto: J. Emilio Flores /La Opinión]
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Cada año, April Morones va a la esquina de los bulevares Whittier y Garfield a comprar fuegos artificiales para sus dos hijos, Francisco y Daniel, y aunque este 4 de julio el presupuesto familiar está un poco más ajustado, no fue impedimento para que comprara las tradicionales luces y pólvora de colores.

"Es una tradición familiar. Yo compro la pólvora porque a mis hijos les gusta y yo disfruto viéndolos a ellos y compartiendo esos momentos", dijo April, quien subraya que ella y su esposo siempre están presentes cuando los niños de 11 y 7 años de edad juegan con la pólvora para asegurarse tomen precauciones.

En años anteriores, April ha designado 100 dólares del presupuesto familiar para comprar juegos pirotécnicos. Este año sólo gastó 60 dólares.

"Hay que cuidar un poco más el dinero porque todo está más caro y hay menos trabajo", agregó la joven madre.

Para Virgie Carrillo los fuegos artificiales forman parte de las celebraciones familiares del 4 de julio y ella disfruta comprando estos enseres para sus nietos.

"Cuando mis hijos estaban pequeños yo les compraba fuegos artificiales. Ahora le compro a mis nietos", dijo Virgie, quien confesó que su juego preferido es una pequeña tanqueta militar que dispara luces y centellas.

Uno de los nietos que la acompañó a comprar los cohetes, Justin, de 9 años, dijo que su pólvora preferida son unas bolitas de colores que al encenderse esparcen humo de diferentes colores.

En la ciudad de Montebello se permite la venta de juegos pirotécnicos. Las asociaciones que los venden como Kiwanis y la Asociación de Ciudades Hermanas Commerce-Aguas Calientes, México, ocupan la ganancia de las ventas en proyectos de ayuda de beneficiencia.