Cuando el cielo del Sur de California se ilumine con miles de fuegos pirotécnicos hoy 4 de julio, Día de la Independencia, quienes padecen enfermedades respiratorias y ésta, una de las regiones más contaminadas del país, pagarán el costo de esa tradición.

"Cada ligero aumento de contaminación puede dañarnos", advirtió Martin Schlageter, director de campaña de la Coalición para el Aire Limpio, una de las organizaciones ecologistas preocupadas por la polución que emana de los fuegos artificiales detonados en esta celebración.

"Tenemos una crisis de salud pública por la contaminación ambiental", insistió el activista. "Los explosivos no deben ser la única manera de celebrar".

La región de Los Ángeles- Long Beach- Riverside mantiene los más altos niveles de polución de ozono y hollín de Estados Unidos, según un informe de la Asociación Americana del Pulmón.

Long Beach, en particular, es considerado como uno de los mayores centros de contaminación causantes del asma infantil.

Si a esto se suma una ráfaga incesante de fuegos artificiales durante varias horas, el resultado es aún peor para los residentes y la naturaleza, indica el Distrito para el Manejo de la Calidad del Aire de la Costa Sur (AQMD).

Un estudio de la publicación Environmental Science & Technology expone que el perclorato potásico, un material que proporciona el oxígeno necesario para quemar los cohetes, es un contaminante ambiental que causa daños adversos en las personas y la vida silvestre.

Del análisis de la calidad del agua de un lago de Oklahoma antes y después de los fuegos artificiales en 2004, 2005 y 2006, se comprobó que la polución aumentó considerablemente. En un período de 14 horas después de las explosiones, los niveles de perclorato aumentaron de 24 a 1,028 veces por encima de los niveles anteriores. El punto máximo se alcanzó 24 horas después, y disminuyó a su nivel anterior en un plazo de entre 20 y 80 días.