Juan, un trabajador de American Apparel, fuera de uno de los talleres de costura de la compañía cerca de Downtown. [Foto: Emilio Flores /La Opinión]
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Eileen Truax/  eileen.truax@laopinion.com

"American Apparel es una compañía rebelde". El enorme letrero, escrito en español, cuelga de un lado a otro del edificio ubicado en la esquina de las calles Séptima y Alameda, en el centro de Los Ángeles.

American Apparel, una de las 652 empresas que ayer recibieron avisos de auditoría por parte de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), y que deberá revisar la elegibilidad para trabajar de 1,500 de sus empleados, ha mantenido por años un perfil muy peculiar que la ha hecho figurar en los movimientos activistas proinmigrantes desde el año 2003.

Uno de los estandartes de Dov Charney, director ejecutivo de American Apparel, con sede en Los Ángeles, ha sido la defensa de los trabajadores inmigrantes. Por esta razón, se jacta, su empresa no se compara con otras compañías de manufactura de textiles o maquiladoras, ya que los salarios que se pagan aquí son superiores al salario mínimo y a los empleados se les proporcionan las prestaciones de ley.

Entre los trabajadores esto es bien sabido. Consuelo, originaria de Guatemala, contaba con un empleo en la costura. Hace tres meses decidió renunciar para buscar trabajo en American Apparel. "Aquí están pagando a nueve dólares la hora. Ninguna fábrica paga eso en estos días", comenta la mujer.

Pero además de sus condiciones laborales, la empresa ha sido bien conocida por sus campañas publicitarias controversiales. Con una estética que busca ser "casual", poco sofisticada, la imagen de sus modelos es siempre ligeramente aniñada, descuidada y por momentos un poco andrógina. Esta imagen es utilizada por la compañía, lo mismo para promover una nueva línea de ropa interior, que para impulsar una reforma migratoria integral.