Un dispensario de medicamentos. En lugar de los ordenados por el doctor un ‘centro de dolor’ administra otros. [Archivo La Opinión]
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SACRAMENTO.— Rosy, como prefiere que la identifiquen "a fin de evitarse problemas", dice, se fue a ver a su doctor porque ya no aguantaba los dolores que le provoca la esclerosis múltiple que padece.

"Mis dolores son muy parecidos a los de la artritis, pero 10 veces más fuertes, así que quería algo más fuerte para siquiera poder abrir la tapa de un frasco o la puerta", dice Rosy, de 64 años de edad y quien apenas puede caminar con la ayuda de una andadera.

Sin embargo, señala que se sintió frustrada cuando su doctor le dijo que no podía darle ningún otro medicamento porque la aseguradora no se lo permitía.

"Me mandaron a un ‘centro para el dolor’, ahí me hicieron otros estudios y finalmente me dieron otras pastillas que no me sirvieron para nada. Yo le pregunté a mi doctor por qué me hacen esto, y él me respondió que tenía las manos atadas y no podía hacer nada porque quien manda es mi aseguradora", expone Rosy.

Irma Resendiz, presidenta y fundadora de Familia Unida Viviendo con Esclerosis Múltiple, una organización con sede en Los Ángeles, dice que lo que le sucede a Rosy es un problema muy común, sobre todo entre los pacientes que sufren de dolores crónicos.

"Las aseguradoras no quieren pagar por las medicinas que el doctor prescribe y en cambio mandan a los pacientes a centros para el dolor donde les dan medicinas que son más baratas", aseguró Resendiz. Esta práctica, explicó, redunda en un beneficio económico para las empresas que financian el tratamiento médico, pero no necesariamente en una mejora de la salud de los enfermos.