Para llegar puntual a la preparatoria Westchester, Laura Gutiérrez sale muy temprano de casa. El recorrido le toma unos 90 minutos. El reto es llegar antes de las 8:00 a.m. con pocos autobuses.
De hecho, sólo 13 de las 16 unidades de la ruta 115 que pasan por ese plantel antes de la hora de entrada la dejan a casi dos millas de distancia de la institución.
"Me afecta porque no puedo dormir bien, porque me desvelo haciendo tarea y al día siguiente me levanto muy temprano", señala esta alumna del décimo grado.
En caso de perder el camión o que se retrase el recorrido, los estudiantes corren el riesgo de que la Policía Escolar imponga una multa de 250 dólares a sus padres, por estar fuera de la escuela en hora de clases."Es duro porque mi mamá apenas puede pagar la renta", dijo Gutiérrez, quien ayer se sumó a una manifestación donde participaron estudiantes, maestros y miembros del Sindicato de Pasajeros (BRU).
Al grito de "¡Necesitamos transporte no multas por retardo!", los alumnos se congregaron en la esquina de la avenida Manchester y el bulevard Lincoln, en el oeste de la ciudad, para pedir a las autoridades que incrementen el número de buses en esa ruta y que establezcan una parada más cercana al plantel.
"Es extremadamente necesario", recalcó Kassie Walters, quien está a punto de graduarse. "Nuestras familias no pueden pagar por otro bus para bajarnos más cerca de la escuela; o compramos comida o pagamos por transporte", dijo.
Tras la aprobación de la Medida R en noviembre pasado, el condado de Los Ángeles espera recibir unos 40 mil millones de dólares durante los próximos 30 años para solventar proyectos de transporte.





