La participación de los padres en las escuelas, sobre todo en aquéllas con desventajas, junto a un buen entendimiento del sistema de educación, pueden hacer una gran diferencia en la calidad de instrucción y recursos que se proveen a los estudiantes más necesitados.
El problema está en que, aunque la gran mayoría de los padres quiere ver a sus hijos graduados, generalmente no exigen más calidad en la enseñanza porque la barrera cultural, lingüística y social, frena su participación sin hacerla valer como un derecho.
A este respecto, los expertos coinciden en señalar que muchos padres confían a ciegas en la escuela y en los maestros, como sucede en México y otros países, hasta el punto de conformarse con lo que el plantel ofrece a sus hijos, aunque sea menos de lo requerido por ley.
"Muchos padres no saben cómo navegar por el sistema y ni siquiera distinguen entre mucha calidad, poca o nada, como para hacer bien su papel de colaboradores en la educación de sus hijos", dijo María Casillas, presidenta de la organización Familias en las Escuelas. "Confían en que el sistema hará algo bueno por ellos".
Concertar citas con los profesores, los consejeros y el director para entender el nivel académico que ofrece la escuela es el primer paso que, según María Elena Meraz, directora del Instituto de Padres para una Educación de Calidad en Los Ángeles, deben dar los padres para indagar en qué nivel se encuentran sus hijos y saber si el plantel al que acuden ofrece todo lo necesario para cumplir las expectativas académicas.
Otra recomendación es solicitar la tarjeta de reporte donde aparece la información más relativa sobre el perfil y progreso de la escuela.
Alicia Carrillo, con una hija en el primer grado, pensaba que estaba bien que su niña no dispusiera de un libro de texto y tuviera que hacer sus tareas en fotocopias por desconocer algunos de los fundamentos educativos en este estado.
"Todos los niños, en todas las escuelas, tienen que tener un libro asignado en las áreas de inglés, matemáticas, ciencias y sociales. No está permitido ofrecer fotocopias en su lugar y pretender que eso son hojas de trabajo", explicó Tom Adams, quien dirige la oficina de recursos instructivos del Departamento de Educación de California.
"Los padres pueden reclamar la falta de materiales ante la junta escolar y si ésta no resuelve el problema, pueden ir con la oficina de educación del condado".
En caso de que este organismo tampoco ofrezca una solución, el Departamento de Educación en Sacramento se encarga de comprar y proveer los materiales, en última instancia.
Además, por ley, los padres pueden informar a la escuela las quejas y deficiencias que encuentren, incluyendo las relativas a las instalaciones, para que los administradores del plantel puedan remediar las carencias. Cada escuela debe ofrecer un formulario para presentar dichas quejas.
"Muchas familias no entienden que los derechos de los niños están protegidos por leyes y que en Estados Unidos no es como en sus países, sino que se espera su participación en las escuelas ", dijo Casillas.
La falta de tiempo o el idioma tampoco son excusas para Letty Lianoz, gerente en Plaza Comumunity Services, que ofrece ayuda a los padres, ya que cuando menos pueden "revisar las tareas en casa, preguntarle a sus hijos qué es lo nuevo que aprendieron y marcar objetivos académicos para que tengan en mente la universidad desde temprano".