Cuando Susana Zamorano descubrió que su hija de 10 años, tenía que pasar su jornada escolar en la última fila de la clase y con la mesa volteada hacia la pared, supo que había llegado el momento de actuar. Sin embargo, dirigirse a la escuela sin hablar inglés y siendo una inmigrante reciente fue una experiencia intimidante.
"No me recibieron bien. Supongo que esperaban que aguantara la situación como muchas veces se asume que debemos hacer los inmigrantes", dice Zamorano, refiriéndose a la experiencia que vivió hace unos años en una escuela del Distrito Escolar Unificado de Pasadena (PUSD).
Zamorano explica que la discriminación hacia su hija se basaba en el hecho de que no hablaba bien inglés.
"Los padres minoritarios permanecen en gran medida alejados del sistema escolar", dice Rita Jaramillo, quien está al frente del alcance a las comunidades hispanas dentro de la Asociación Nacional de Educación (NEA).
Dicha asociación, junto con el Fondo de Ecuación y Defensa Legal Mexico-Americano (MALDEF), reunieron a un grupo de más de cien expertos, padres y educadores, para solucionar este problema.
"En todo el país ya un 25% de los niños en kindergarten y un 20% en las escuelas intermedias son latinos", dice Jaramillo, señalando que esos porcentajes son mucho mayores en regiones como el área metropolitana de Los Angeles, y requieren un esfuerzo de inclusión de los padres.
Araceli Simeón-Luna, quien dirige el Programa Nacional de Participación de los padres en las escuelas para MALDEF, comenta que en muchos casos hay malentendidos culturales.
El problema
"Los padres no van a la escuela para no molestar, y los maestros lo toman como una falta de interés", dice Simeón-Luna, cuyo programa gratuito se ofrece a las escuelas con peores resultados del país.







