Washington/EFE — La elección del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como premio Nobel de la Paz 2009 ha causado reacciones mixtas entre los latinos del país, una comunidad que fue clave para su victoria en las elecciones presidenciales de 2008.
Estados Unidos se despertó ayer con una noticia inesperada incluso en la pro- pia sede del poder, que ha llenado Washington de tantos comentarios apasionados como titubeantes, todas ellos con un denominador común: la sorpresa.
Esa sensación fue también la que pre- dominó, para bien o para mal, entre los hispanos del país, cuyo voto fue decisivo para encumbrar a Obama a la Casa Blan- ca y que ha depositado sus esperanzas en los proyectos de reforma migratoria y salud que impulsa el presidente.
Por encima de las señales de incomprensión e incluso indiferencia de algunos latinos, resonaron los aplausos de las asociaciones e individuos que coinciden con el veredicto del Instituto Nobel de Noruega, que ha decidido premiar los “esfuerzos extra- ordinarios” de Obama “por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.
La Liga de Ciuda- danos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por su sigla en inglés), se apresuró a dar su “enhorabuena” al mandatario, que se unirá a 84 hombres, 12 mujeres y 20 organizaciones galardonados desde 1901, año de la primera concesión.
“El presidente Barack Obama es un gran ejemplo de liderazgo, y le admiramos por el trabajo que ha hecho”, dijo en un comunicado Rosa Rosales, presidenta de LULAC.
“Llamamos a todos los países a que pasen a la acción y le ayuden a lograr un mundo mejor para todos los pueblos”, añadió Rosales.
La organización consideró que el premio llega “en un momento crucial” para el presidente, cuando “ha lanzado iniciativas de paz en lugares clave del mundo”.
En cambio, para Lisenia Espinel, una ecuatoriana que se encontraba entre los cientos de personas que ayer se acercaron a la Casa Blanca con la esperanza de poder ver al presidente, la decisión “es un poco apresurada”.
“Creo que tendríamos que tener hechos concretos de paz para otorgarle un premio de esta naturaleza. No digo con esto que sea malo, pero sí que debe de haber un hecho concreto, real; por ejemplo el fin de la guerra de Afganistán y de Irak y una actitud más concreta de paz con Cuba”, dijo a Efe Espinel.
Al mismo tiempo, se mostró esperanzada de que sirva “como incentivo” y de que las intenciones de Obama se concreten en hechos de paz.
Espinel espera que Obama tenga políticas de apertura con los gobiernos latinoamericanos “sin importar cual sea la tendencia”, especialmente con los de países como Ecuador, Venezuela y Bolivia, “que hasta ahora mantienen políticas algo hostiles al gobierno de Washington”.
Estados Unidos se despertó ayer con una noticia inesperada incluso en la pro- pia sede del poder, que ha llenado Washington de tantos comentarios apasionados como titubeantes, todas ellos con un denominador común: la sorpresa.
Esa sensación fue también la que pre- dominó, para bien o para mal, entre los hispanos del país, cuyo voto fue decisivo para encumbrar a Obama a la Casa Blan- ca y que ha depositado sus esperanzas en los proyectos de reforma migratoria y salud que impulsa el presidente.
Por encima de las señales de incomprensión e incluso indiferencia de algunos latinos, resonaron los aplausos de las asociaciones e individuos que coinciden con el veredicto del Instituto Nobel de Noruega, que ha decidido premiar los “esfuerzos extra- ordinarios” de Obama “por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.
La Liga de Ciuda- danos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por su sigla en inglés), se apresuró a dar su “enhorabuena” al mandatario, que se unirá a 84 hombres, 12 mujeres y 20 organizaciones galardonados desde 1901, año de la primera concesión.
“El presidente Barack Obama es un gran ejemplo de liderazgo, y le admiramos por el trabajo que ha hecho”, dijo en un comunicado Rosa Rosales, presidenta de LULAC.
“Llamamos a todos los países a que pasen a la acción y le ayuden a lograr un mundo mejor para todos los pueblos”, añadió Rosales.
La organización consideró que el premio llega “en un momento crucial” para el presidente, cuando “ha lanzado iniciativas de paz en lugares clave del mundo”.
En cambio, para Lisenia Espinel, una ecuatoriana que se encontraba entre los cientos de personas que ayer se acercaron a la Casa Blanca con la esperanza de poder ver al presidente, la decisión “es un poco apresurada”.