El nuevo año arranca envuelto en una profunda crisis económica que, si bien tuvo su raíz en la debacle hipotecaria de Estados Unidos, se ha ya ampliado a múltiples industrias y más allá de las fronteras del país.
En lo inmediato, los síntomas de la crisis son rescates multimillonarios para grandes corporaciones (AIG, Wall Street, bancos, compañías automotrices) y una ola de embargos hipotecarios y despidos para la población en general. Caídas en la bolsa y en las tasas de interés de referencia son el telón de fondo.
Según la Oficina de Estadísticas del Trabajo, el desempleo alcanzó 6.7% en noviembre de 2008, cifra equivalente a 10.3 millones de personas. Desde diciembre de 2007 a noviembre de 2008 perdieron su trabajo 2.7 millones de personas. Comparativamente, el índice de desempleo de los hispanos es superior al promedio nacional: 8.6%.
En tanto, el índice de confianza del consumidor cayó en diciembre de 2008, informó The Conference Board. La encuesta del índice de confianza, que se elabora desde 1967, se situó en diciembre de 2008 en 38 puntos, comparado con los 44.7 puntos del mes anterior y los 45.5 puntos que preveían algunos economistas.
Eso indica que la población en general ha preferido reducir sus gastos al considerar que las difíciles condiciones económicas imponen el ahorro. Que este índice haya caído tan significativamente durante diciembre, mes tradicionalmente favorable para el comercio, es doblemente ilustrativo.
Para encarar la crisis, el presidente electo Barack Obama llegará al poder con enormes expectativas pero también con retos no vistos, quizá, desde la depresión de la década de 1930. El futuro gobierno tiene el activo de suscitar optimismo y esperanza, además de ser visto como el factor del cambio que se requiere para levantar la economía del país y corregir las lacras que crearon la presente crisis.
Pero el recorrido no será fácil y presumiblemente 2009 será rudo en términos económicos. La gran expectativa que genera Obama sugiere que, en el mediano plazo y en un buen escenario, la situación se superará. Pero en lo inmediato no hay solución rápida y las dificultades continuarán en el corto plazo.
Los propios consumidores ven un futuro inmediato poco favorable. Según The Conference Board, en datos citados por EFE, el subíndice que mide la confianza futura en la economía bajó a 43.8 puntos en diciembre de 2008, desde los 46.2 puntos de noviembre, y el porcentaje de personas que cree que esta empeorará en los próximos seis meses avanzó del 28.3 al 32.8%.
Los datos de la bolsa también son desalentadores. En 2008, la pérdida de Wall Street podría rondar, con los datos disponibles al cierre de edición, el 35%, según EFE.
En el mercado inmobiliario la situación de cara a 2009 tampoco es positiva. El índice Standard & Poor's/Case-Shiller de precios de viviendas en 20 ciudades cayó en un 18% con respecto a octubre de 2007, su caída mayor desde la creación del indicador en 2000, indicó AP. Los precios cayeron 23.4% desde que alcanzaron su pico en julio de 2006.
Para la gente común, esta catarata de datos tiene su duro reflejo en los despidos, en la imposibilidad de pagar la hipoteca, en la dificultad para encontrar un nuevo empleo y recibir nuevo crédito, en una comprensible preocupación y tensión.
¿Qué hacer para remediar esta crisis para el ciudadano de a pie? Los rescates financieros, los $700 mil millones aprobados por el Congreso y miles de millones más desembolsados por la Reserva Federal se presentan como necesarios para prevenir desplomes mayores pero, a la fecha, no han frenado los peores efectos de la crisis en la sociedad en general (despidos, desempleo duradero, embargos, reducción del ingreso familiar). Y a escala corporativa aún está pendiente la prometida mejora regulatoria y el castigo a quienes hayan cometido delitos financieros. El caso del macro fraude de Bernard Madoff, $50,000 millones, es emblemático, pero también el frenesí de hipotecas 'subprime' cuya debacle es una de las grandes causas de la actual crisis.
Por lo pronto, el presidente electo Obama ha indicado que, además de los apoyos a las grandes empresas, dará apoyo a los ciudadanos que se traducirá, presumiblemente, en recortes de impuestos para que los trabajadores reciban más dinero en su cheque de nómina.
No está claro el alcance de este beneficio. CNN, por ejemplo, menciona que ciertos cálculos sugieren que el beneficio podría equivaler a entre $83 y $166 por cheque de nómina durante el primer trimestre de 2009, pero estas cifras son, al momento sólo una especulación. También se menciona un crédito fiscal de $500 por individuo y $1,000 por pareja. Hará falta más para frenar la oleada de hipotecas morosas, pero es un comienzo. Los datos exactos no se conocerán, presumiblemente, sino hasta después de que Obama asuma la Presidencia, el 20 de enero.
Tampoco está claro el gasto en infraestructura, por ejemplo, que el nuevo gobierno podría iniciar para reactivar la economía con obras y con inversión en nuevas energías, ni los pasos específicos que dará para garantizar una mejor regulación y protección del patrimonio de los estadounidenses.
Hay esperanza y cielo gris a la vez. El reto es monumental e histórico para Estados Unidos. Y sus repercusiones son de talla global.