Hace un año a Gabriel (nombre ficticio para proteger su identidad) lo secuestraron en las montañas de Tecate, cuando intentaba cruzar de manera indocumentada la frontera hacia California. Los maleantes eran jóvenes que se identificaron como miembros del grupo criminal Los Zetas.
Lo que este joven de 23 años contó, es un claro ejemplo de cómo la delincuencia organizada ha visto en los migrantes una fuente de ingresos o de reclutas para su ejército de sicarios. Y si no, los matan.
"Entre esos cerros están sembrados los cuerpos de los que no han pagado", dijo Gabriel apuntando a la zona montañosa de Tecate.
En entrevista para La Opinión, este joven guerrerense que ahora es testigo protegido, confirmó lo que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en México ha estado denunciando, que el secuestro de migrantes es frecuente e incluso cotidiano en diferentes lugares del país.
"Nos pusieron en círculo y desde el cerro comenzaron a llamar a nuestras familias", relató. "Les gritaban que nos iban a matar si no pagaban, dijeron que se iban a llevar a cinco para ejecutarlos porque sus familias no querían pagar. A esos ya nunca los vi".
El secuestro de migrantes y su posterior ejecución y entierro de cadáveres en fosas clandestina a lo largo de la frontera ha sido denunciado desde hace años ante las autoridades de México, pero poco o nada se ha hecho.
Agencias de seguridad de Tecate, en Baja California, confirman las investigaciones que se llevan a cabo sobre presuntas fosas clandestinas donde podrían hallarse los cuerpos de decenas de indocumentados.
Los reportes judiciales destacan que los cerros de la zona conocida como "El Ochito", a orillas de la autopista que conduce al pueblo de Rosa de Castilla, es la "zona roja" del secuestro y donde presumiblemente han masacrado a indocumentados.
Los secuestros, relatan las víctimas en sus declaraciones judiciales, se dan en grupos de 20 a 30 migrantes.
Los indocumentados son vigilados desde su arribo a la Central Camionera de Tijuana, donde los grupos de migrantes, en su mayoría de origen centroamericano, abordan los autobuses hasta el pueblo de Rosa de Castilla, punto tradicional de cruce ilegal a Estados Unidos y también de droga.
Ahí inicia la caminata de tres días hasta llegar a los cerros de California y ahí también los secuestradores están al acecho de sus víctimas, cuando los autobuses son emboscados por vehículos y personas con armas de alto poder, quienes trasladan a los inmigrantes por túneles hasta llegar a caminos montañosos para iniciar las llamadas telefónicas de negociación y cobrar el rescate.
Cuando las familias se rehúsan a pagar, los migrantes son asesinados, refieren los sobrevivientes.
En su declaración ante la CNDH, Gabriel dijo haber sido testigo de cuando por lo menos seis indocumentados fueron asesinados por los secuestradores, a quienes identificó como miembros del grupo de Los Zetas.
El joven permaneció más de 36 horas con pistolas de alto calibre apuntando a su cabeza y todos recibieron instrucciones de que pidieran a sus familias el pago de 1,500 dólares, que deberían enviar por la empresa Western Union a la comunidad de Teloloapán, Guerrero.
Todos los envíos iban dirigido a nombres de mujeres, recordó el secuestrado.
Autoridades federales estadounidenses en San Diego también han tenido conocimiento de la existencia de fosas clandestinas.
El más reciente reporte que tuvieron fue el pasado 23 de agosto, cuando se localizaron los restos de tres personas, presuntamente indocumentados cuyos cuerpos fueron baleados.
Mientras indagaban la desaparición de un migrante, el grupo de rescate Ángeles del Desierto confirmó la existencia del supuesto "cementerio de migrantes" en las inmediaciones de la zona conocida como El Hongo, a menos de 30 millas del poblado de Tecate.
"Todos tenían el tiro de gracia y estamos seguros que las fosas están por toda la frontera", dijo Rafael Hernández, líder del grupo de rescate con sede en San Diego.
"Los narcotraficantes han sabido aumentar su lucro con la sangre de estas personas que sólo vienen buscando una vida mejor".