Primera de tres partes: LA MISIÓN
En ausencia del bullicio de la semana, lo único que llama la atención en la intersección de las calles Vermont y Slauson en el Sur de Los Ángeles son los carteles: amarillo el de El Pollo Loco, naranja el de Yoshinoya. Es la tarde del domingo y sólo escasos automóviles cruzan la avenida desnuda de árboles.
Una voz interrumpe el relativo silencio.
"Nuestro Señor Jesús, por favor perdona mis pecados, abro mi corazón a ti y te recibo como mi Señor y Salvador". El predicador, su voz amplificada por un megáfono, inicia un torrente de oraciones que dura 25 minutos.
Camina constantemente de un lado para el otro, ida y vuelta. Sigue su prédica de manera monótona. La gente se le acerca, reconociéndolo. De a poco, los miembros de un grupo se juntan en la esquina y esperan que él termine para luego escuchar el mensaje de otro predicador.
"¿A cuántas personas salvamos hoy?", pregunta el hermano Samuel Padilla, "¡Diez!", dice un misionero. "¡Veinticinco!", exclama el otro.
El grupo de misioneros se dispersa por el vecindario a la caza de almas. Se aproximan a quien camine por la calle preguntándole si conoce a Jesucristo , si sabía que había muerto por ellos, si quieren aceptarlo en sus corazones.
"Entonces, ¿cuál es la suma total?", pregunta Padilla a su grupo. "¡Sesenta y tres!", grita una mujer con bufanda roja y aros de plata con la inscripción "Jesús es la vida- Jesús es la luz".
"Bueno, gracias a Dios", exclama Padilla entusiasmado.
Son representantes de Elim Central, la iglesia pentecostal del sur de Los Ángeles, una de las 12 que existen en toda la ciudad y parte de las 228 de todo el mundo. Las iglesias llevan los nombres de los lugares bíblicos que visitaron los hebreos despues de salir de la esclavitud en Egipto. Los que se aglomeran en la esquina angelina son sólo un puñado de los muchos pentecostales que se han abierto camino en una campaña exitosa para la evangelización en esta ciudad.
A pesar de que el pentecostalismo existe desde hace escasamente cien años, este movimiento protestante que pone gran énfasis en el bautismo del Espíritu Santo y en "hablar en lenguas," constituye según varios expertos una de las religiones de mayor crecimiento en el mundo.
Aunque los centroamericanos han sido tradicionalmente católicos, en la actualidad abrazan con frecuencia el pentecostalismo, tanto aquí en Los Ángeles como en sus países nativos.
De los aproximadamente 1.8 millones de latinos que viven en Los Ángeles, 670,000 son centroamericanos. Al llegar a esta ciudad, muchos de ellos se vuelcan a las religiones evangélicas llevando a que, según académicos de la Universidad del Sur de California (USC) y de la Universidad Latina de Teología, más del 90% de las cinco mil iglesias hispanas de la ciudad pertenecen a esta tendencia.
La mayoría de las iglesias son locales con fachadas comerciales, viejos edificios convertidos en lugares de culto donde se congregan pequeños grupos religiosos. Pero algunas son "megaiglesias" con miles de fieles.
Tanto las iglesias más pequeñas como las mayores, como Elim y Ministerios Llamada Final, en Downey, están compuestas en su enorme mayoría por guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, y el idioma que allí se habla es el español.
"El pentecostalismo es como el catolicismo con esteroides", afirma Pierre Tijerino, un líder pentecostal de la Universidad Latina de Teología en Inglewood e hijo del fundador de la misma. También es uno de los académicos que trabajan en un proyecto de investigación sobre los pentecostales de Los Ángeles. "Atrae gente a granel; es grande y es osado. Si sus congregantes diesen volteretas de excitación durante un servicio religioso, no serían vistos con malos ojos".
Investigadores no pentecostales del fenómeno citan diferentes razones para explicar el impresionante movimiento de conversión entre los centroamericanos. Una de ellas es que esta religión porporciona a los inmigrantes al llegar al nuevo país la calidez de una congregación. Otra, que al enfatizar el concepto de la presencia del Espíritu Santo dentro de sí, los pentecostales sienten que se pueden comunicar directamente con Dios a través del acto de "hablar en lenguas" y por lo tanto no es necesaria una estructura que incluya a un sacerdote como mediador.
A aquellos que quieran dirigir los servicios religiosos, se les concede la oportunidad. La religión, dicen, absuelve, purifica y envuelve a gente que haya abusado de sustancias adictivas. Además, estimula las emociones con el uso de música en vivo y con la ejecución de canciones folklóricas y hasta de melodías de rock.
Pero la explicación más llamativa de la magnitud del éxito de este movimiento religioso relativamente nuevo es su modo de evangelización.
"Vamos a los parques y ofrecemos desayuno a los necesitados, a los homeless", explica la hermana Shirley Bañuelos, misionera de la iglesia Elim Central. "Y gracias a Dios, muchos se convierten".
Los predicadores evangelistas son insistentes, entusiastas. Transmiten su mensaje por radio y televisión, organizan convenciones, visitan parques y esquinas, vistiendo y dando de comer a los necesitados, mientras les hablan del sacrificio de Cristo.
Muchos de los centroamericanos se convierten en sus países de origen.
"Nací católica", afirma Reina Dueñas, de 32 años, una congregante salvadoreña de Restauración Elim. "Pero mi vecina en El Salvador me invitó a una iglesia pentecostal. Comencé a asistir y fue allí cuando El Salvador entró en mi corazón".
Una vez convertidos, llevan con ellos su fe pentecostal al país del norte. De esta manera peculiar, revierten la historia del movimiento misionero, el que llegó a Centroamérica desde Estados Unidos y Europa occidental.
Según Donald Miller, profesor de religión de USC y coautor de Global Pentecostalism: The New Face of Christian Social Engagement, el roce con aquello que es familiar reconforta. Es por eso que estos nuevos inmigrantes buscan a quienes sean como ellos. Así, integrados a quienes hablan su mismo idioma y comparten sus mismas comidas, los inmigrantes transmiten "su religién de éxtasis" a la comunidad.
"Estas iglesias llegan a ser como una familia extensa", dice Miller, "no de parientes de sangre, sino de personas que proveen apoyo social y un sentido de comunidad".
La mayor parte de los nuevos conversos quieren diseminar entre otros la "Palabra". Desde su punto de vista, no han logrado hacer el trabajo de Dios ni se han ganado un lugar en el Paraíso, si no "salvan" nuevas almas en cada misión de evangelización.
"Es muy triste que se haya muerto", dice Jorge Flores, de 58 años, misionero de Elim Central. Se refería a un hombre sin hogar que él había convertido una mañana de domingo. Lo conoció mientras daba de desayunar a desamparados en el Sur de Los Ángeles. Dos semanas después, la Policía halló a aquel hombre muerto, en el mismo parque donde se habían conocido. "Pero al menos sé que nos encontraremos en el más allá".
dstokol@gmail.com
Mañana: La Redención