Son los vigilantes del agua; cuidan que los angelinos respeten la ordenanza de conservación del líquido en una ciudad sedienta y olvidada por las precipitaciones.
Celosos de cada gota desperdiciada, se distribuyen por los vecindarios de Los Ángeles echando un ojo a jardines y cocheras. Entre calles estrechas, avanzan silenciosos con una libreta y folletos informativos como únicas armas.
Francisco Moreno forma parte de este equipo de 15 inspectores del Departamento de Agua y Energía (DWP), encargado de hacer cumplir las restricciones en el ahorro del vital líquido.
"Hace casi dos años se formó para educar al público", explica mientras recorre la comunidad de Eagle Rock.
Ahí, una niña regaba el jardín de su casa en miércoles, después de las 10 de la mañana. Moreno cumple con su deber: se estaciona cerca de la vivienda, anota la dirección, el horario y el tipo de violación.
Después entrega una advertencia al padre de la menor. La próxima, recalca el supervisor, podría ser una multa de 100 dólares. "Mi hija dejó abierta la manguera", se excusa el hombre.
A pocas cuadras, en el mismo vecindario, otro residente regaba un árbol que recién plantó. Mira el auto compacto con el emblema del gobierno municipal que se detiene frente a su casa y trata de hacerse el desentendido. Sin embargo, la notificación de advertencia ya está escrita.
"Sólo estaba echando agua, no estaba regando", trata de justificar su acción el sujeto.
Del 1 de junio al 6 de agosto, este equipo de supervisores ha emitido 685 advertencias a violadores de la Fase III de la Ordenanza de Conservación de Agua, que limita el riego de jardines y entradas de cocheras exclusivamente a los días lunes y jueves, y fuera del período de 9:00 a.m. a 4:00 p.m.







