El sacerdote John Lasseigne con miembros de su parroquia en Pacoima. Lasseigne combina sus conocimientos en leyes con su firme sentido de justicia para ayudar a sus feligreses que están a punto de perder sus casas. (FOTO: AP)
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La misión de un sacerdote es salvar almas. Pero el reverendo John Lasseigne se ha fijado otro objetivo más terrenal: salvar viviendas.

Eso a menudo requiere verdaderos milagros en su parroquia de Pacoima, un suburbio predominantemente hispano de clase media-baja del Valle de San Fernando donde abundan los carteles de casas que han sido apropiadas por bancos y que están en venta. Una de nueve propiedades enfrentan ejecuciones hipotecarias, lo que hace de esta localidad una de las más golpeadas por la crisis de la vivienda.

"Hay miles de ejecuciones hipotecarias", expresó el párroco de la iglesia María Inmaculada.

Lasseigne no solo predica en la iglesia sino que se reune con políticos y habla con banqueros, tratando de conseguir condiciones más blandas para los préstamos de sus feligreses. En sus misas casi siempre menciona formas de saldar deudas y la desvalorización de las propiedades junto con las Ave Marías y las oraciones del Señor. Su agenda incluye más encuentros con funcionarios bancarios que con figuras religiosas.

Varias iglesias de distintas fes han respondido a la recesión ofreciendo asesoría sobre préstamos y capacitación laboral, una vieja tradición de activismo social.

Lasseigne está bien preparado ya que antes de hacerse seminarista se recibió de abogado.

Combina esos conocimientos con un firme sentido de la justicia y se hizo popular como el padre que lucha contra las ejecuciones hipotecarias en un barrio donde la presencia hispana es tan grande que Lasseigne ofrece dos misas diarias en español y nueve los domingos.

"El trabajo en pro de la justicia es parte del sacerdocio", declaró al religioso. "Tenemos que ayudar a los necesitados y denunciar las injusticias. Las estratagemas financieras empleadas (para atraer clientes) son increíbles".