TEGUCIGALPA, Honduras.— El general Romeo Vásquez, cuya destitución como jefe del Estado Mayor concluyó en el derrocamiento de Manuel Zelaya y la muerte de un muchacho, está de retorno en el estrado, fortalecido tras dar al que fuera su jefe una patada al exilio en Costa Rica, Estados Unidos, El Salvador, Nicaragua: un peregrinar incierto desde el pasado 28 de junio.
De hablar sereno y educado, este militar entrenado en la US School of the Americas desde 1976 hasta 1984, cerró filas a favor del mandatario instaurado Roberto Micheletti y se embolsó nuevamente el mando de las Fuerzas Armadas.
"Nosotros sólo cumplimos el mandato del Congreso para expulsar a alguien que desobedecía a las instituciones, a los diputados, a la Suprema Corte", dijo en una de las manifestaciones denominadas "Por la Paz", donde miles de personas han dado espaldarazo al nuevo gobierno. "No fue un golpe de Estado".
Los partidarios de Zelaya ubican al general como el poder detrás del nuevo trono, el renacimiento de la derecha latinoamericana que encumbró los gobiernos militares después de la Guerra Fría en Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Nicaragua y Panamá.
Una mano que empuña al país con mucho miedo y poca sangre. Estrategia reflejada en sucesos como el secuestro de ocho jóvenes en manos de la milicia cuyo paradero es aún desconocido, según denuncias del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, COFADEH.
Similar suerte tuvo el caricaturista hondureño Allan McDonald. Sus familiares aseguran que un grupo de plagiaron lo tomaron por la fuerza en su casa junto a su hija de 17 meses de edad y se lo llevaron con rumbo indefinido.
"No se puede volver a la barbarie de la militarización", dijo Cristina Kirchner, presidenta de Argentina, durante una sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA) donde por unanimidad los países miembros suspendieron a los catrachos (hondureños).








