Fernando Montes-Rodríguez[Foto: J. Emilio Flores /La Opinión]
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Trabajando entre los jóvenes encarcelados, Fernando Montes-Rodríguez revive muchas de la experiencias que hace años lo empujaron a la vida delictiva.

Crecer en una familia de cinco hermanos en Pico Union, teniendo sólo a su mamá para mantenerlos a todos, no fue fácil. Uno de sus hermanos falleció víctima del alcohol, otro de las drogas, y él se unió a una pandilla.

"Cuando no hay dinero para comprar nada, ni alternativas para ganarlo, robar llantas en las calles se ve como una solución inmediata a muchos problemas", dice Montes-Rodríguez, añadiendo, que lo que más recuerda de aquellos tiempos es el conflicto interno de saber que se iba adentrando por el mal camino.

"Sabía que me esperaba algo mejor en la vida. Lo que no sabía es cómo conseguirlo", dice Montes-Rodríguez.

A sus 35 años y siendo padre de dos hijos, Montes-Rodríguez ha aprendido que eso es algo que uno mismo tiene que descubrir, pero para conseguirlo a es crucial contar con un poco de ayuda.

Y eso es exactamente lo que él intenta ofrecer cada día a los jóvenes encarcelados en el Campamento David González, en la localidad de Calabasas.

"Estos chicos se enfrentan a un momento decisivo y con el apoyo debido pueden comenzar una nueva vida llena de posibilidades", dice Montes-Rodríguez, quien dirige el Programa New Visions como parte de la iniciativa educativa New Roads Camp Community Partners (NRCCP) .

El objetivo del programa es que el tiempo de reclusión se convierta en una oportunidad educativa para que los chicos consigan integrarse con todo su potencial cuando hayan cumplido su condena.

"Cuando me detuvieron en cierta medida sentí alivio, porque aunque traumática, era una forma de salir del círculo vicioso en que me hallaba", dice Montes-Rodríguez, quien avanzó en sus estudios mientras estaba recluido y tras asistir al colegio comunitario de Santa Monica completó su graduación en sociología en UCLA.