Primera de una serie
Rubén Moreno/ ruben.moreno@laopinion.com
A primera vista, con sólo tener ante sí a un maestro y un alumno se entiende lo qué es la educación en su concepto más simple.
Pero en California, con 6.3 millones de niños en las aulas públicas —mayor que la población de 34 estados— el sistema educativo es tan enorme, complejo y contradictorio que escapa a una definición simple.
De hecho, en decenas de conversaciones con quienes están al frente del sistema educativo estatal para preparar esta serie, se revela que ni siquiera ellos dicen terminar de entenderlo.
El sistema trata de abarcarlo todo: desde el capítulo IX de la Constitución hasta los 101,060 artículos del Código de Educación estatal. La enseñanza no está solo pautada para ofrecer instrucción, sino también programas después de clase, almuerzo, enfermería, transporte o aprendizaje del inglés, a un alumnado tan diferente en sus orígenes como en sus necesidades.
"No hay dos estudiantes iguales. El sistema es complejo porque hay actores en todos los niveles de gobierno —local, estatal y federal— para ayudar a la diversidad del alumnado", señala el secretario de Educación de California, Glen Thomas.
A su vez, la misma burocracia queda regulada, aunque incluso después de dos mil páginas de código, las funciones de algunos organismos y cargos pueden ser entendidos de manera diferente entre los personeros.
"Es muy confuso, porque las decisiones son determinadas por Sacramento, pero las cuentas se exigen a las escuelas a nivel local", dijo Jack O’Connell, superintendente de Instrucción Pública.
O’Connell es la cabeza del Departamento de Educación de California, donde se asegura que los 1,042 distritos escolares cumplan las regulaciones. Pero también está la Junta de Educación estatal, que regula las leyes aprobadas por la Legislatura y el secretario de Educación, que es el consejero del gobernador.
"La complejidad del gobierno hace que todas estas agencias estén superpuestas y que al final nadie se haga responsable o se apunten todos con el dedo", indica David Plank, director del centro de Análisis Político para la Educación de California (PACE).
Además de las leyes estatales, cada condado y distrito escolar aprueba sus propias estrategias y debe cumplir los estándares federales.
"Es obvio que la burocracia está desorganizada", agrega Plank. "No existe coordinación, cada quien trabaja por separado y la prueba está en que no hay conexión entre la escuela y la educación superior".
Inconsistencias de la burocracia
"Habría que deshacerse del código de educación y comenzar otro desde cero", dijo Darline Robles, la superintendente de Educación del Condado de Los Ángeles. "Hay muchas regulaciones que te terminan atando las manos".
Un ejemplo: la Junta de Educación estatal aprueba los libros de texto hasta el grado octavo. Los de secundaria, cada distrito escolar.
Una mayoría de los consultados para esta serie coincidió en que ante la masificación de estudiantes y servicios, el código de educación ha complicado la enseñanza.
A las versiones originales del código se agregaron otras; enmiendas, actualizaciones, veredictos judiciales: "Hemos construido leyes sobre leyes y las decisiones de tribunales han contribuido a un sistema aún más complicado", reconoce Bob Huff, vicepresidente del Comité de Educación del Senado.
"El código está en un lenguaje que ni los maestros ni los administradores pueden entender", comenta por su parte Ramón Cortines, superintendente del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD). "Tenemos volúmenes, y volúmenes de código. Esa no es forma de hacer negocios. Necesitamos reglas y estrategias simples, para una organización funcional, no una pesadilla burocrática".
Y si los expertos no entienden el cúmulo de reglas que gobiernan la educación, menos lo entienden los padres.
"Es intimidatorio", dice Jo Loss, presidenta de la Asociación de Padres y Maestros (PTA). "Para quien no entiende el idioma o que no tiene educación, es más fácil que su hijo no finalice la escuela".
De todos los temas, lo que causa especial dolor de cabeza, incluyendo a algunos legisladores, es la financiación de las escuelas.
"Sólo hay un puñado de gente en California que entiende cómo funciona la Proposición 98", dice Huff, refiriéndose a la enmienda constitucional aprobada por los votantes de California en 1988 y que garantiza actualmente a la educación el 70% de sus gastos.
Un laberinto de leyes
California dedica a la educación pública sumas gigantescas: más de la mitad de su presupuesto general. El pasado año, los contribuyentes pagaron cerca de $70,000 millones en impuestos para financiarla.
Pero si la educación fuera una empresa privada, hace tiempo hubiera cerrado.
"California no está obteniendo esos 70,000 millones de dólares en resultados. Sólo el 71% de nuestros estudiantes se gradúan de la secundaria; los que no siguen estudios superiores no están entrenados para trabajar, y los que finalmente se gradúan no están listos para competir a nivel internacional", dice Huff, enumerando los principales problemas del sistema.
"Estamos más preocupados por proteger el salario de los maestros sindicalizados que por obtener resultados académicos", agrega. "Es más, las escuelas son recompensadas por producir malos resultados. Cuanto peor hacen, más dinero estatal y federal reciben por alumno".
Para Fred Glass, portavoz de la Federación de Maestros de California, la educación pública funciona de la misma manera que "el terrible sistema financiero que tenemos", donde "las corporaciones pagan muchos menos impuestos que hace 40 años".
Desde la oficina del gobernador se apuntó que, aunque el sistema de educación necesita reformas, "a la luz de la situación fiscal actual, este no es el año para hablar de dinero", por lo que Glen Thomas, apuesta por "hacer todo lo posible para aprovechar cada dólar al máximo".
Bob Huff cree que esto tendría fácil solución: dedicar el 70% de los fondos escolares "directamente a los salones de clase en lugar de a la burocracia".
Según el senador, actualmente sólo seis de cada 10 dólares alcanzan las aulas.
Pero pese a la escasa financiación que llega a las escuelas, las autoridades de California en educación se muestran orgullosos de que se mantengan altas expectativas y estándares rigurosos para los estudiantes, y que estos hayan conseguido mejorar en todos los grados en los últimos años.
Para continuar por el mismo camino, los principales actores de la educación del estado apuestan por un mayor control y poder de decisión en las escuelas, y tomar como ejemplo a aquellas que han tenido éxito
Entonces, ¿los fracasos, a qué se deben? La respuesta unánime es que se trata de "la responsabilidad de todos", incluyendo a padres y a los mismos estudiantes, con tan sólo un objetivo de por medio: hacer el sistema más simple.
"Es extremadamente complicado, y necesitamos realinearlo para saber qué hace cada quien", dice Gloria Romero, presidenta del Comité de Educación del Senado "De otra forma, quienes lo pagarán son nuestros niños".
Lea mañana la segunda parte de esta serie
Primera de una serie
Rubén Moreno/ ruben.moreno@laopinion.com
A primera vista, con sólo tener ante sí a un maestro y un alumno se entiende lo qué es la educación en su concepto más simple.
Pero en California, con 6.3 millones de niños en las aulas públicas —mayor que la población de 34 estados— el sistema educativo es tan enorme, complejo y contradictorio que escapa a una definición simple.
De hecho, en decenas de conversaciones con quienes están al frente del sistema educativo estatal para preparar esta serie, se revela que ni siquiera ellos dicen terminar de entenderlo.
El sistema trata de abarcarlo todo: desde el capítulo IX de la Constitución hasta los 101,060 artículos del Código de Educación estatal. La enseñanza no está solo pautada para ofrecer instrucción, sino también programas después de clase, almuerzo, enfermería, transporte o aprendizaje del inglés, a un alumnado tan diferente en sus orígenes como en sus necesidades.
"No hay dos estudiantes iguales. El sistema es complejo porque hay actores en todos los niveles de gobierno —local, estatal y federal— para ayudar a la diversidad del alumnado", señala el secretario de Educación de California, Glen Thomas.
A su vez, la misma burocracia queda regulada, aunque incluso después de dos mil páginas de código, las funciones de algunos organismos y cargos pueden ser entendidos de manera diferente entre los personeros.
"Es muy confuso, porque las decisiones son determinadas por Sacramento, pero las cuentas se exigen a las escuelas a nivel local", dijo Jack O’Connell, superintendente de Instrucción Pública.
O’Connell es la cabeza del Departamento de Educación de California, donde se asegura que los 1,042 distritos escolares cumplan las regulaciones. Pero también está la Junta de Educación estatal, que regula las leyes aprobadas por la Legislatura y el secretario de Educación, que es el consejero del gobernador.