Marina Pérez asegura que las ventas le ayudan a compensar la merma en sus horas de trabajo. [Foto: Archivo/La Opinión]
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Róger Lindo/ roger.lindo@laopinion.com

Marina Pérez, de Azusa, con dos niñas pequeñas que alimentar y una hipoteca a cuestas, tenía que buscar una forma extra de ingreso después que ella y su esposo vieron sus horas de trabajo reducidadas como consecuencia de la recesión.

La encontró en Mari Kay, una compañía que vende productos de belleza a la manera de Avon y Tupperware, es decir, tocando de puerta en puerta en casas de familiares, amistades y vecinos. Si el producto y la vendedora convencen, la representante o promotora recoge ahí mismo las órdenes de maquillaje o de ornamentos y la compañía las entrega posteriormente.

"No me estoy haciendo rica ni mucho menos, pero me ayuda a salir de algunas deudas", explicó Pérez.

Según sus propios cálculos, la venta de maquillaje le deja dividendos que oscilan entre el 30% y el 30%.

"Yo los compro y tengo que pagar al condado y luego los vendo, al contado o en abonos. Llevo mis maletines", dijo.

Esos dólares extra le ayudan en un momento difícil para las finanzas familiares, pues los Pérez luchan por conservar una casa que adquirieron en Azusa con una hipoteca de interés ajustable.

"Todo el mundo tiene de 20 a 30 dólares para gastarse", afirma Rita Fuentes, consultora de PartyLite. La firma vende velas y candelas y productos afines para el hogar. Fuentes lleva 13 años en el negocio y como parte de su trabajo se encarga de entrenar a otras.

"Una demostracion depende del ambiente, no toma mas de dos horas. Yo hago de dos a tres a la semana; es para traer ingresos adicionales: hay muchas personas buscando otra manera de ganarse la vida. Es perfecto porque es un horario flexible".