Róger Lindo/ roger.lindo@laopinion.com
Marina Pérez, de Azusa, con dos niñas pequeñas que alimentar y una hipoteca a cuestas, tenía que buscar una forma extra de ingreso después que ella y su esposo vieron sus horas de trabajo reducidadas como consecuencia de la recesión.
La encontró en Mari Kay, una compañía que vende productos de belleza a la manera de Avon y Tupperware, es decir, tocando de puerta en puerta en casas de familiares, amistades y vecinos. Si el producto y la vendedora convencen, la representante o promotora recoge ahí mismo las órdenes de maquillaje o de ornamentos y la compañía las entrega posteriormente.
"No me estoy haciendo rica ni mucho menos, pero me ayuda a salir de algunas deudas", explicó Pérez.
Según sus propios cálculos, la venta de maquillaje le deja dividendos que oscilan entre el 30% y el 30%.
"Yo los compro y tengo que pagar al condado y luego los vendo, al contado o en abonos. Llevo mis maletines", dijo.
Esos dólares extra le ayudan en un momento difícil para las finanzas familiares, pues los Pérez luchan por conservar una casa que adquirieron en Azusa con una hipoteca de interés ajustable.
"Todo el mundo tiene de 20 a 30 dólares para gastarse", afirma Rita Fuentes, consultora de PartyLite. La firma vende velas y candelas y productos afines para el hogar. Fuentes lleva 13 años en el negocio y como parte de su trabajo se encarga de entrenar a otras.
"Una demostracion depende del ambiente, no toma mas de dos horas. Yo hago de dos a tres a la semana; es para traer ingresos adicionales: hay muchas personas buscando otra manera de ganarse la vida. Es perfecto porque es un horario flexible".
Según Fuentes, se puede ganar lo que un vendedor se proponga, "dependiendo de cómo se quiera negociar".
Avon, una de las firmas más fuertes y conocidas en el ramo de ventas a domicilio, incrementó un 50% su contingente de representantes en el primer trimestre del año con respecto al primer tercio de 2007. De hecho, la firma desplegó un comercial durante el Super Tazón anterior orientado a aumentar su fuerza de ventas.
En este, una representante legal afirmaba: "Nadie puede despedirme, soy mi propia jefa".
"Nuestros representantes están creciendo, la gente está buscando la manera de hacer dinero extra y en nuestros 120 años de existencia nos hemos caracterizado por ayudar a las mujeres a sostenerse a sí mismas y a sus familias", afirmó Jennifer Vargas, portavoz de esa corporación.
Avon cuenta ahora con 680 mil representantes tan sólo en los Estados Unidos (el 75% de sus negocios los hace en el tranjero), la red más grande en la historia de esa compañía.
A la base del crecimiento de su fuerza de a pie se encuentra sin duda la debilidad de la economía estadounidense, sobre todo en materia de empleo. Con una tasa de desocupados de 8.9% (11% en California), muchas personas necesitan un plan B para apuntalar las finanzas.
Es la historia de esta y otras contracciones. En las recesión de 1990-91 y 2001 el número de vendedores de puerta en puerta aumentó 8% y 12% de acuerdo a la Asociación de Ventas Directas.
"Esta es la epoca perfecta para introducir un negocio donde no se rquiere inversion alguna para empezar", dijo Rita Fuente, la consultora de PartyLite.
Para trabajar como representante de Avon, explicó Vargas, únicamente se paga una inscripción de diez dólares y no hay que hacer ninguna inversión en productos.
"Avon es el mayor dispensador de micropréstamos para mujeres en el mundo. Les enviamos el producto y no tienen que pagarnos hasta que sus clientes les han pagado. Nosotros hemos expandido el crédito en medio de una contracción crediticia, y ya tenemos seis millones de representantes en el mundo", aseguró.
Róger Lindo/ roger.lindo@laopinion.com
Marina Pérez, de Azusa, con dos niñas pequeñas que alimentar y una hipoteca a cuestas, tenía que buscar una forma extra de ingreso después que ella y su esposo vieron sus horas de trabajo reducidadas como consecuencia de la recesión.
La encontró en Mari Kay, una compañía que vende productos de belleza a la manera de Avon y Tupperware, es decir, tocando de puerta en puerta en casas de familiares, amistades y vecinos. Si el producto y la vendedora convencen, la representante o promotora recoge ahí mismo las órdenes de maquillaje o de ornamentos y la compañía las entrega posteriormente.
"No me estoy haciendo rica ni mucho menos, pero me ayuda a salir de algunas deudas", explicó Pérez.
Según sus propios cálculos, la venta de maquillaje le deja dividendos que oscilan entre el 30% y el 30%.
"Yo los compro y tengo que pagar al condado y luego los vendo, al contado o en abonos. Llevo mis maletines", dijo.
Esos dólares extra le ayudan en un momento difícil para las finanzas familiares, pues los Pérez luchan por conservar una casa que adquirieron en Azusa con una hipoteca de interés ajustable.
"Todo el mundo tiene de 20 a 30 dólares para gastarse", afirma Rita Fuentes, consultora de PartyLite. La firma vende velas y candelas y productos afines para el hogar. Fuentes lleva 13 años en el negocio y como parte de su trabajo se encarga de entrenar a otras.
"Una demostracion depende del ambiente, no toma mas de dos horas. Yo hago de dos a tres a la semana; es para traer ingresos adicionales: hay muchas personas buscando otra manera de ganarse la vida. Es perfecto porque es un horario flexible".