Róger Lindo/ roger.lindo@laopinion.com
Un sabado de trabajo voluntario al mes puede cambiar el mundo.
Es la lección que ofrecen Maribeth Gómez y Terry Olmos, dos ejecutivas bancarias. Empezaron haciendo trabajo de mentoras con diez estudiantes de la secundaria Belmont como parte de sus respectivos proyectos de tesis de maestría. En un período de dos años han contribuido a ampliar las perspectivas de vida de chicas que hasta hace poco no miraban más allá de los confines estrechos de su barrio o su pobreza. Hoy varias de ellas tienen los ojos puestos en la universidad, sus notas han mejorado y su universo se ha expandido.
Olmos tenía un ejemplo de superación que ofrecer: el suyo propio.
"Yo era la estudiante fracasada que no sabía qué hacer en la vida y con padres muy estrictos", le confió a su grupo de estudiantes durante un pot-luck al final del año escolar. En una ocasión al ir a pedirle explicaciones a una profesora que le había dado una "’F"’ de calificación, ésta le espetó: "¿Para qué te preocupas, si de todas maneras vas a terminar embarazada y sin zapatos?"
"Ese es el tipo de ayuda que recibí cuando más la necesitaba… aunque en cierto sentido me ayudó", dijo Olmos, quien hoy es gerente de una sucursal de Comerica Bank y además ejecutiva con responsabilidades corporativas.
Gómez, vicepresidente asistente a cargo de relaciones con depositantes de Comerica, y Olmos se graduaron de la Belmont el mismo año, 1987, y tiene sentido que hayan regresado a su vieja escuela ya crecidas, pero los motivos que las impulsaron a asumir el papel de mentoras tienen mucho que ver con las oportunidades y el tipo de formación humanista que recibieron en Mount Saint Mary’s College, la universidad de mujeres donde se recibieron, la primera en Administración de Empresas y la segunda en Artes Liberales con un minor en Negocios.
Las dos chicas obtuvieron sus licenciaturas hace unos años mientras trabajaban, gracias a un programa que les permitió asistir a clases los fines de semana y graduarse en tres años. Ese centro de estudios de Los Ángeles les ofreció la oportunidad de sacar una maestría y ambas, a pesar de que ya eran ejecutivas bien plantadas en Comérica, aceptaron el reto.
Pero el programa de maestría en que se embarcaron no era como cualquier otro. La filosofía de Mount Saint Mary’s apunta a crear profesionales estrechamente conectadas con la colectividad en que viven.
"Lo que me encantó del programa fue que nos pedía volver a nuestra comunidad y ver cómo nuestras acciones afectan el mundo, nuestra comunidad y a nosotros mismos", explicó Olmos.
"Yo no sabía mucho de humanidades, sólo de negocios. Ahora puedo usar la otra parte de mi cerebro", dijo Gómez. Inspirada por un curso denominado Sangre y Violencia, que formaba parte del curso de la maestría y que abordaba el problema de la deserción en las escuelas de los barrios pobres, Gómez se planteó crear un programa de Negocios dirigido a las estudiantes de la Belmont.
La idea era compartir con ellas el acervo adquirido y la filosofía del compromiso que le inculcaron sus profesores. Gómez, que originalmente había pensado en un proyecto de literatura femenina hispana, se sumó al proyecto y ambas se presentaron un día a la escuela, enclavada en las afueras del dowtown y donde la mayoría de los estudiantes son de identidad hispana.
Volver a su comunidad para compartir el acervo adquirido fue en sí un descubrimiento para ellas.
"La escuela se había deteriorado mucho, pero tambien descubrí que no había diversidad, la rica mezcla cultural que existía cuando nosotras fuimos estudiantes había desaparecido", explicó Olmos. Cuando ambas asistieron a la Belmont, la escuela contaba con programas de teatro, coros y arte, y se programaban giras a los museos.
En ese momento, el proyecto de tesis de ambas adquirió los visos de una causa. No fue difícil entusiasmar a las autoridades y los maestros y empezar a reunir a las niñas. Visitaron las instalaciones corporativas de Comerica, el museo Getti, la biblioteca Huntington, y organizaron sesiones con ejecutivas, catedráticas universitarias y el director de una ONG .
Las reuniones con las estudiantes tienen lugar un sábado al mes.
"La mayoria de los ‘deberes’ que les damos son para que conozcan músicas distintas, comidas distintas, lecturas que las enriquezcan. No son tareas, son actividades para su propio enriquecimiento", dijo Olmos.
El programa ha sido tan éxitoso y las necesidades tan grandes, que ahora Gómez y Olmos quieren iniciar una organización sin fines de lucro, lo que haría posible extender el programa de mentores a otros estudiantes y escuelas; incluso han acuñado un nombre, GO Foundation, que lleva las iniciales de sus apellidos.
También han creado un par de becas, y en parte esto les da la médida de su éxito. Una de las candidatas a becarias es una chica que llegó a clases el año pasado (las estudiantes son escogidas por la escuela). Cuando se incorporó ni siquiera queria hablar a las otras ninas o a las tutoras. Ahora, afirmaron, es una persona muy distinta y le ayuda a las otras chicas.
"Lo que Mount Mary’s nos enseñó fue que necesitamos conectarnos con nuestra gente; si queremos que haya una cambio tenemos que involucrarnos", dijo Olmos.
Róger Lindo/ roger.lindo@laopinion.com
Un sabado de trabajo voluntario al mes puede cambiar el mundo.
Es la lección que ofrecen Maribeth Gómez y Terry Olmos, dos ejecutivas bancarias. Empezaron haciendo trabajo de mentoras con diez estudiantes de la secundaria Belmont como parte de sus respectivos proyectos de tesis de maestría. En un período de dos años han contribuido a ampliar las perspectivas de vida de chicas que hasta hace poco no miraban más allá de los confines estrechos de su barrio o su pobreza. Hoy varias de ellas tienen los ojos puestos en la universidad, sus notas han mejorado y su universo se ha expandido.
Olmos tenía un ejemplo de superación que ofrecer: el suyo propio.
"Yo era la estudiante fracasada que no sabía qué hacer en la vida y con padres muy estrictos", le confió a su grupo de estudiantes durante un pot-luck al final del año escolar. En una ocasión al ir a pedirle explicaciones a una profesora que le había dado una "’F"’ de calificación, ésta le espetó: "¿Para qué te preocupas, si de todas maneras vas a terminar embarazada y sin zapatos?"
"Ese es el tipo de ayuda que recibí cuando más la necesitaba… aunque en cierto sentido me ayudó", dijo Olmos, quien hoy es gerente de una sucursal de Comerica Bank y además ejecutiva con responsabilidades corporativas.
Gómez, vicepresidente asistente a cargo de relaciones con depositantes de Comerica, y Olmos se graduaron de la Belmont el mismo año, 1987, y tiene sentido que hayan regresado a su vieja escuela ya crecidas, pero los motivos que las impulsaron a asumir el papel de mentoras tienen mucho que ver con las oportunidades y el tipo de formación humanista que recibieron en Mount Saint Mary’s College, la universidad de mujeres donde se recibieron, la primera en Administración de Empresas y la segunda en Artes Liberales con un minor en Negocios.