Eileen Truax / eileen.truax@laopinion.com 

La visita del presidente Barack Obama a México, y su próxima participación en la Cumbre de las Américas, forma parte de una nueva era para las relaciones internacionales de Estados Unidos y ofrece al mandatario la oportunidad de reposicionar a su país en la escena mundial.

Quienes han observado durante años el desarrollo de la política exterior estadounidense reconocen que en esta primera etapa, con apenas 90 días de la nueva administración, muchas de las acciones realizadas por Obama tienen un carácter simbólico; pero al mismo tiempo consideran que es el momento para enviar las señales de un cambio de timón.

"Las actividades de los primeros viajes siempre son simbólicas, tienen como objetivo enviar un mensaje sobre cuál será la aproximación y el camino que seguirán las relaciones en los años por venir", comentó a La Opinión David Demarest, quien fungió como director de comunicaciones de la Casa Blanca durante la gestión de George Bush Sr.

"Creo que no veremos grandes cambios en materia de políticas, pero se empiezan a mandar señales; es un poco de lo que vimos durante la reciente visita del presidente a Europa", dijo. "Y normalmente en materia de política exterior los temas que atraen la atención del público estadounidense son aquellos en donde están involucradas nuestras tropas, como ocurre ahora con Irak y el Medio Oriente (…) pero en el caso de México, es evidente que el tema de la inmigración empieza a volver al discurso público después de un letargo tras el fracaso de la administración Bush para aprobar una reforma. Ahora regresa, no a la línea de fuego, pero sí se empieza a acercar".