Roberto González y Ana Higuera animan siempre a sus alumnos a que no se sientan intimidados al hablar en público. Sin embargo, a estos maestros les faltaban las palabras ayer cuando recibieron un premio sorpresa de 25 mil dólares, otorgado por la Milken Family Foundation (MFF).
"Lo mejor es que lo he obtenido gracias a ustedes", decía González dirigiéndose a la avalancha de estudiantes de la escuela intermedia Virgil, en Los Ángeles, que lo abrazaban y felicitaban tras conocer la noticia.
Ana Higuera, maestra de la escuela secundaria Lynwood, en la ciudad del mismo nombre, tampoco podía creer que había sido galardonada con lo que en el mundo académico se conoce como "los Oscar de la educación".
"Espero que sea un gran estímulo también para mis estudiantes", decía Higuera, rodeada de alumnos tan emocionados como ella.
Los premios en efectivo se ofrecen anualmente a unos 50 maestros destacados en todo el país. Este año los dos otorgados en el área de Los Ángeles han recaído en educadores hispanos altamente comprometidos con el progreso de sus estudiantes.
"A pesar de que seguimos sus pasos durante meses, ellos no saben nada hasta el último minuto", explicó Lowell Milken, presidente de MFF.
Por eso González e Higueras pensaban ayer que la gran expectación existente en sus escuelas se debía a la visita del superintendente estatal de instrucción pública, Jack O’Connell, quien participó en el acto de entrega de los premios.
La preselección inicial se realiza con la colaboración de los departamentos de educación estatales, que identifican escuelas y educadores que han logrado importantes mejoras. La decisión entre cientos de finalistas de todo el país se realiza en MFF, que utiliza fondos propios para los premios en metálico.
A González, quien desde hace siete años enseña ciencias a cinco grupos de séptimo grado, se le atribuye gran parte del éxito de su departamento. La cantidad de estudiantes exitosos en los exámenes estandarizados estatales (CST) de ciencias se ha triplicado en los últimos años, y los resultados en el curso 2007-08 fueron los más altos en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) al que la escuela pertenece.
"Estoy aprendiendo mucho sobre cómo funciona el cuerpo humano. Pero lo mejor de todo es que, además de mi maestro, es mi amigo", decía Brian Becerra, uno de sus estudiantes.
El maestro, hijo de inmigrantes mexicanos, comentaba que conoce por experiencia propia los retos a los que se enfrentan muchas familias con hijos en su escuela.
"Las dificultades que mis padres tenían para ayudarme con la tarea al no dominar el inglés, y los problemas económicos y sociales eran los mismos a los que se exponen muchos de estos chicos", explicó González.
El maestro añadió que tener dos hermanos que no consiguieron graduarse de secundaria le ha enseñado que la línea que separa el éxito y el fracaso escolar es a menudo frágil.
Higueras, quien ha convertido la asignatura de historia en una de las más amenas de su escuela, es también coordinadora del programa de Determinación Avanzada por Vía Individual (AVID) en el que participan primordialmente los estudiantes con gran inclinación a completar sus estudios universitarios. Un 90% de los participantes de AVID en la secundaria Lynwood, consiguen actualmente ingresar en la universidad (sin mediación de un colegio universitario).
La maestra se plantea donar parte de sus 25 mil dólares a sus estudiantes para que puedan realizar el año próximo un viaje escolar ahora amenazado con los recortes presupuestarios.
González, por su parte, utilizará el dinero para pagar los préstamos de estudiantes que adquirió para graduarse en la Universidad de Notre Dame, y obtener su maestría en Loyola Marymount.
En cuanto a la clave de su éxito educativo, ambos coinciden en que el factor decisivo no es ni el programa ni el método de enseñanza.
"Lo que de verdad importa es la conexión personal con el estudiante, hacerle saber cuánto lo valoramos", dijo González. Y añadió: "Una vez conseguido eso, están listos para aprender cualquier cosa, por complicada que sea".