Organizaciones protestan por la deportación de hijos de inmigrantes en París. El año pasado, el récord de repatriados se elevó a 27,796. (FOTO: Claudia Núñez/La Opinión)
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PARÍS, Francia.— Para salvarse de ser deportada, Azérien corrió a esconderse bajo la cama. Los policías no intentaron arrastrarla para sacarla de entre las patas de la cama, pero lograron su cometido al amenazarla con detener a su madre de origen armenio. Azérien, de siete años, se entregó.

Para los hijos de indocumentados la vida en París no es un cuento de castillos y realeza. Aunque han nacido en Francia, entre ellos impera el miedo a la deportación, y es que a diferencia de los pequeños estadounidenses, hijos de padres indocumentados, en Francia, ningún niño es ciudadano por nacimiento.

En 2005 un decreto presidencial ordenó la expulsión de los hijos de inmigrantes ilegales. Según ese nuevo reglamento todos "los vástagos de inmigrantes indocumentados deberán ser escoltados fuera de Francia".

El miedo es latente. Algunos padres han optado por esconder o negar que tienen hijos cuando son arrestados y deportados por las autoridades, explica Anthony Jahn, líder de la organización Educación Sin Fronteras (RESF), una red de 130 asociaciones de maestros y padres, que ha lanzado una campaña para proteger a los niños inmigrantes.

"Lo que están haciendo a estos niños es horrible y no permitiremos que las autoridades destruyan sus vidas. Ellos son nuestro futuro y tienen los mismos derechos que cualquier otro niño francés", dijo Jahn a La Opinión.

La expulsión de niños forma parte de una política introducida por ex ministro del Interior, y actual presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien busca remodelar la identidad de Francia y defiende la ley diciendo que Francia necesita "elegir" a los inmigrantes.

Pero a millas de distancia, el modelo migratorio de Sarkozy parece arrastrar adeptos.