Un oficial correccional inspecciona los más de 2,000 teléfonos celulares confiscados, recientemente en la cárcel estatal Solano, al norte de California. (FOTO: AP)
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Hace tres semanas en Los Ángeles, un pandillero utilizó los mensajes de texto guardados en el celular de una amiga para ubicar a un rival. Fue y lo acribilló a balazos.

Mafias dentro de las cárceles utilizan teléfonos de contrabando con capacidad para email y texto para controlar ventas de droga, escapes y hasta homicidios en las calles.

Curiosos sobre la vida pandilleril de la ‘Madre Patria’, que es como llaman a Los Ángeles en otras partes del país, se comunican por e mail, My Space o Twitter con miembros para solicitar asesoría, entrenamiento e ideas sobre cómo crear sus propios grupos criminales.

Las pandillas reclutan más fácilmente ‘online’ y el graffitti hoy ya no se pinta tanto en las calles, sino que va en forma de mensajes en My Space y You Tube, con desplantes y avisos sobre homicidios de pandilleros rivales.

Bienvenidos a la era de los ‘Gangs 2.0’, las pandillas criminales técnicamente sofisticadas, que utilizan la tecnología para afinar sus métodos para delinquir creando más dolores de cabeza a las autoridades.

La ley va un paso atrás. Los viejos métodos de vigilancia no funcionan y la policía tiene que volverse tanto o más ducha en usar estos métodos, usualmente más comprensibles para jóvenes de 18 años que para un veterano detective de 40.

"Hace unos años, los celulares o el internet no existían y la forma en que interceptábamos la inteligencia era por medio de cartas introducidas a la cárcel en las cavidades del cuerpo o vigilábamos las líneas telefónicas del correccional", explica John Santos, agente de servicios especiales del Departamento Correccional de California, que maneja las cárceles. "Todo esto es imposible con los celulares que usan".