La compra de marihuana siempre se ha relacionado con algo sórdido, un mundo underground y prohibido, pero hoy, en muchas calles de Los Ángeles, Beverly Hills, West Hollywood, Hollywood, Montebello y otros rincones del sur de California hay dispensarios del producto como medicina que no tienen nada que ver con esa imagen.
Una mañana soleada de esta semana La Opinión visitó uno de esos dispensarios. Está en pleno Robert- son Blvd. y no es el único en esa arteria vial tan céntrica del oeste de la ciudad: hay por lo menos cuatro en pocas cuadras a la redonda.
Temple 420 pertenece a Craig Rubin, quien es mejor conocido como el dueño de un dispensario de marihuana en la serie televisiva Weeds, de Showtime. En la vida real, Rubin es pastor de una iglesia en Pasadena y dueño de este dispensario.
El lugar tiene el aspecto de una clínica, o más bien el consultorio de un sicólogo: paredes blancas, colores suaves; a la derecha, un cómodo sofá, al lado una palmera, enfrente una mesa con tapa transparente por la que se puede ver el muestrario de los diferentes tipos de marihuana: Purple Passion, Euphoria, Blue Dream. Hay por lo menos una veintena de diferentes tipos en el display.
Al otro lado del local, un ordenado mostrador contiene información, revistas y panfletos, papel para enrollar los cigarros y dentro de una vitrina de vidrio una diversa cantidad de pipas de agua de diversos tamaños y colores.
Hay versículos de la Biblia pintados con verde en las paredes y una biblia en hebreo sobre el display de pipas para fumar la hierba.
También hay diferentes densidades de marihuana, con ramas y en polvo —que se usa para fumar en pipa y es más concentrada.
Si no quiere fumar, se la pueden vender para comer, para beber e incluso como loción para la piel.
"Tenemos muchas diferentes formas de consumirla. Aquí no se trata de alterar la mente, sino de utilizarla como medicina. Tenemos muchas personas que vienen con dolores, enfermedades, problemas, y que tienen una recomendación médica para comprarla", comenta Jesús Domínguez, quien atiende con destreza las necesidades de los clientes que van llegando: tres en el transcurso de una hora y media durante un jueves por la mañana. Pagaron entre 50 y 70 dólares por una onza, que es lo máximo que pueden comprar bajo las leyes estatales de marihuana medicinal.
Domínguez, quien antes de trabajar aquí vendió carros durante tres años, también muestra su recomendación médica para consumir marihuana.
"Yo sufro de insomnio y de ansiedad", dice el muchacho. "El médico me dio esta receta por tres meses y me dijo que si me iba bien me la extendería por un año".
En su tiempo libre Jesús produce dulces, chocolates y caramelos con "mota" para la venta. Muestra los que le quedan, ya que se venden como "pan caliente", según dice. "Tenemos brownies, galletas, pretzels con chocolate, que tiene mota. También tenemos cola y refresco con mota".
Un hombre bien vestido y con lentes de sol de marca entra a la tienda y presenta una tarjeta de identificación de las que otorga el estado de California (no son requeridas, con una recomendación médica es suficiente) y comienza a observar los diferentes tipos de marihuana en el muestrario.
"Sufro de glaucoma y de presión alta", dice el hombre. "Necesito algo relajante, que baje la tensión".
El empleado le muestra diferentes tipos de marihuana, algunas más suaves, otras más fuertes. El hombre escoge una y se dirige al mostrador. Jesús se dirige a una pequeña ventanilla con una cortinita por la que pide a alguien que está del lado de adentro que le dispense una onza de cierto tipo. En pocos minutos aparece una mano que le alarga una botellita de plástico, de esas en las que vienen las medicinas en las farmacias, llena de la hierba.
Jesús pesa cuidadosamente la onza y la vuelve a colocar en el frasquito. "Como es su primera vez aquí también le damos varios regalos y cinco dólares de descuento", dice, añadiendo un sobrecito de papel de fumar, un encendedor y una camiseta con el nombre de la tienda pintado en verde. El hombre paga 70 dólares en efectivo y se va.
"Nosotros no le decimos a la gente que tiene que fumar. Aquí somos una colectiva y lo que hacemos es dispensar una medicina", agrega el muchacho.
Pero las cosas no están claras desde el punto de vista legal: mientras el estado de California permite la posesión de marihuana en ciertas cantidades con fines medicinales y la formación de colectivos para el cultivo y venta de la hierba con propósitos medicinales, no se permite la venta con fines de lucro y sin recomendación médica.
Hace poco, el fiscal Steve Cooley dijo que consideraba que la mayoría de los dispensarios que operan en el condado de Los Ángeles lo hacen violando el espíritu de la ley y de forma ilegal, y amenazó con "cerrarlos a todos".
Algunas ciudades del área han aprobado ordenanzas o leyes locales para regular la existencia de los "colectivos" o dispensarios de marihuana. La ciudad de Los Ángeles lleva un año y medio preparando una ordenanza local para regularlos y tenía en vigor una moratoria a la apertura de nuevos dispensarios que fue invalidada por un juez la pasada semana.
Este jueves, el procurador de la ciudad Carmen Trutanich presentó la cuarta versión de la ordenanza que el Concejo Municipal espera tomar bajo consideración esta semana como materia urgente: se cree que hay entre 500 y 900 dispensarios de marihuana en la ciudad, más de mil en todo el condado. Muchos de estos abrieron con un permiso temporal bajo la moratoria aprobada en 2007. Antes de ella, sólo existían 186 dispensarios.
La ordenanza que será propuesta la semana que viene sería una de las más estrictas del estado: la mayoría de los dispensarios tendrían que cerrar y no podrían solicitar permiso para reabrir en al menos seis meses. Los 186 existentes antes de la moratoria podrían seguir operando, pero tendrían que cumplir nuevos requisitos.
La propuesta ley también requeriría que sólo funcionaran las colectivas sin fines de lucro y que mantuvieran récords escritos de sus miembros y proveedores de la marihuana, que deben estar disponibles para revisión por parte de las autoridades. Los colectivos deberán notificar a las oficinas de los concejales y los consejos vecinales de sus planes de abrir un dispensario y se prohíbe a cualquier persona convicta de un delito mayor en los últimos 10 años que maneje una de estos colectivos.
Se prohibiría su presencia a menos de mil pies de escuelas, parques, bibliotecas, instituciones religiosas, centros de cuidado infantil, centros juveniles, hospitales, centros médicos y de rehabilitación.
Los productos de comida que incluyan la hierba quedarían prohibidos.
Los concejales Ed Reyes y José Huízar, en cuyos distritos de Pico- Union y Boyle Heights/Eagle Rock están proliferando los dispensarios, han estado en la delantera con este tema. "Del noreste hasta el Valle y de Hollywood al oeste, la proliferación sin control de estos locales están afectando negativamente la vida de los residentes", dijo Huízar. Los consejos vecinales se han hecho eco de esta preocupación y han pedido a la ciudad que apruebe una ordenanza lo más pronto posible.
Entretanto, grupos activos a favor del uso medicinal de la marihuana difundieron esta semana una encuesta realizada a votantes del condado de Los Ángeles en la que dicen que 74% apoya la ley de marihuana medicinal, 16% se opone y 10% está indeciso. También se les pidió opinar sobre lo dicho por el procurador Cooley y si consideraban que era mejor regular o cerrar la mayoría de los dispensarios. El sondeo realizado por Mason Dixon para el Marihuana Policy Project, halló que 77% está de acuerdo en regular y sólo 14% en cerrar.