Nadie a estas alturas sabe a ciencia cierta si la crisis de los mercados financieros será pasajera o si va a prolongarse por mucho tiempo. El hecho es que la época del crédito fácil se acabó, sea para comprar un carro nuevo o expandir una empresa.

Antes se prestaba a cualquiera, independientemente de su solvencia financiera; hoy le resulta difícil obtener un crédito aun a empresarios que ostentan un puntaje o un historial crediticio impecable.

Es difícil saber hacia dónde se encamina el sistema crediticio, explicó Milken Barr, analista financiero principal de Milken Institute en una entrevista telefónica, esto a cuenta de realidades como el elevado desempleo, especialmente en estados como California.

"Las personas sin trabajo tienen problemas para pagar sus deudas, el mercado de bienes raíces no se encuentra en buena forma, la insolvencia va en aumento", dijo. Aunque han surgido algunos signos positivos en la economía,explicó, nadie espera que las cosas retornen, al menos no en el corto plazo, a donde se encontraban antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.

Las instituciones financieras se hallan, según él, entre la espada y la pared. Al mismo tiempo que se esmeran por apuntalar su propia posición, bregan con una enorme cantidad de préstamos "tóxicos", es decir, aquellos con alto potencial de insolvencia. En estos momentos, debido al fiasco de las hipotecas subprime y a las nuevas regulaciones federales, no es tan fácil que los bancos titulicen o empaqueten deuda fresca.

La titulización de préstamos hizo posible que los bancos revendieran paquetes de hipotecas a los inversionistas e instituciones finacieras. Esta práctica parecía tener sentido cuando el mercado inmobiliario —y los precios de las casas— continuaban inflándose, pero ahora nadie quiere adquirir títulos de préstamos, especialmente hipotecas de bienes raíces, por temor a quedarse en las lonas.