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Análisis
DENVER, Colorado.— Barack Obama buscó presentarse ante la nación como una persona común, que creció entre una familia de clase trabajadora y que conoce las dificultades que enfrentan las familias en una economía deprimida.
El candidato presidencial demócrata, a quien sus opositores y críticos acusaron de idealista en exceso, presentó un discurso lleno de planes y objetivos específicos para revivir la economía, la educación, la salud, la imagen de Estados Unidos en el mundo.
Al mismo tiempo, el senador de Illinois buscó presentar una imagen más crítica de su oponente, cuya campaña no ha dudado en definirlo como oportunista e inexperto.
Esta vez fue Obama quien definió a McCain como un ciudadano, si bien honorable, desconectado de la dura realidad de los estadounidenses de a pie, demasiado atado a las ideas de un gobierno fallido.
Obama también atacó duramente el récord de George W. Bush y presentó un argumento en favor de un cambio para revivir lo que llamó "la promesa de Estados Unidos".
Quienes esperaban a un Obama apasionado, tuvieron que conformarse con el Obama cerebral y analítico que es parte de su naturaleza, con la excepción de algunos pocos momentos en los que su voz se alzó y alguna frase intensa arrancó aplausos.
Pero quienes lo criticaron por ser poco específico encontraron detalles en su discurso, que llenaron los espacios en blanco que muchos veían en sus promesas de cambio.
Casi la mitad de su discurso de alrededor de una hora la dedicó a la economía, cuyo declive está tocando las vidas de la gran mayoría de los estadounidenses y afectando al resto del mundo.
Obama buscó poner la responsabilidad sobre los hombros del presidente George W. Bush y los de su contrincante John McCain. Ante las acusaciones de ser una "celebridad", explicó cómo fue la vida de sus abuelos y de su madre. Habló de la ausencia de un padre al que conoció durante una única visita de un mes y que, dijo, "me afectó más con su ausencia que con su presencia".
Definió a un país cuya promesa está resquebrajada y debe ser reconstruida. Prometió cambiar las leyes de impuestos para beneficiar al común de los estadounidenses y eliminar los recortes para empresas que exportan trabajos. Habló de eliminar la dependencia petrolera en 10 años, de invertir en combustibles renovables.
Dijo que era indispensable cumplir la promesa de la educación para todos, de la salud accesible para cada estadounidense, de proteger las pensiones de los trabajadores y el fondo del Seguro Social.
También reconoció que todo esto costará dinero, y presentó un lado pragmático, que llamó a recortar "programas gubernamentales que no funcionan".
Instó a reconstruir "la promesa hacia el exterior" e invitó a McCain a debatir, frente a frente, sobre quién será el mejor comandante en jefe y lo definió como un líder "terco" que insiste en continuar una guerra a la que hasta la propia Administración Bush está comenzando a negociar su final.
Buscó un término medio en las discusiones candentes de la política, como el aborto, la Segunda Enmienda, inmigración, matrimonio entre parejas del mismo sexo. Llamó a permitir los desacuerdos sin necesidad de violentar los derechos ajenos.
Se presentó como un candidato que "quizá no llena el típico pedigrí", pero añadió que la elección no era para Barack Obama, sino para los estadounidenses.
Y citó a dos símbolos que estaban presentes esta noche: John F. Kennedy y el activista Martin Luther King, Jr., de cuyo famoso discurso Tengo un sueño se cumplía el 45 aniversario.
Presentó la necesidad de mirar al futuro, y declaró que su contrincante mira hacia el pasado.
Instó al país a un cambio, y presentó su propuesta de cómo llevarlo a cabo. Y de por qué es necesario.
Muchas veces acusaron a Obama de ser un orador que se elevaba demasiado alto, fuera del alcance de la realidad, pero en este discurso se mantuvo con los pies sobre la tierra.









