Emily Rich, (centro), directora de la entidad no lucrativa CALPIRG. (FOTO: Aurelia Ventura/La Opinión)
1/1

Debido a la falta de planes de salud asequibles, Joan Moseley, una pequeña empresaria de Pasadena, se encuentra en una de las situaciones más dolorosas de su trayectoria empresarial. Literalmente.

La empresaria, quien requiere tratamiento permanente para el dolor, se ha visto obligada a mantener una póliza cada vez más cara —dado que ninguna otra aseguradora la admitiría en su situación actual— que la deja sin recursos para contratar a ningún empleado.

"Con el costo de la mía y todos los cargos extras no me queda para la de los trabajadores", dice Moseley, señalando que, en el último año y medio, ha llegado a abonar 27,000 dólares en analgésicos no cubiertos por la póliza de más de 600 dólares mensuales que tiene suscrita con una de las mayores aseguradoras de salud de California.

Emily Rich, activista de la organización no lucrativa CALPIRG, que aboga por la inclusión de un sistema público que obligue a competir a los privados, enfatiza que las pólizas se han duplicado en los últimos tres años y, sin reforma, volverán a hacerlo de aquí a finales de esta década.

"Eso puede costar otros 178,000 puestos en los pequeños negocios desde ahora hasta 2018", dice Rich, señalando que en la actualidad sólo un 59% de los pequeños negocios del país ofrece algún tipo de plan de salud, en comparación con 68% en el año 2000.

Elena Bota era hasta hace unos meses una de los 60 millones de empleados de pequeños negocios del país. Pero la tienda de regalos en la que trabajaba cerró, y Bota, a quien su anterior patrono le ofrecía cierta cobertura médicas, ve muy difícil volver a conseguirlas en otro empleo.