¿A quién no le gusta darse un lujo de vez en cuando? Pero, ¿cuántos de esos lujos los disfrazamos como necesidades?

Un excelente ejemplo es el gasto diario con el famoso cafecito "latte" que tantas personas toman todos los días camino al trabajo. Un pequeño regalo que nos hacemos a nosotros mismos, pero que, al fin de mes, cuando sacas la cuenta, resulta que ha costado bastante caro.

Es hora de ceder a un antojo de tanto en tanto y no convertirlo en una línea fija de los gastos mensuales del hogar.

Es importante tener como meta no gastar más del 90% de tus ingresos, para después poder invertir el 10% restante en otras opciones que traerán mayores rendimientos y disfrutar de mayores lujos a largo plazo.