Se sabía que la cebolla contiene gas, porque hace llorar, pero no que por un proceso se puede convertir en un combustible económico y ecológico. La empresa de Steven Gill (en la foto) pone con éxito esa idea en efecto. [Foto: J.Emilio Flores/La Opinión]
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Sacar más de un millón de dólares anuales de la basura no es fácil. De hecho, a Steven Gill, socio fundador de Gills Onions, en Oxnard, le ha costado ríos de lágrimas.

Sin embargo, este empresario, al frente de la procesadora de cebolla fresca más grande del país —y quien confiesa que tras más de 20 años en el negocio, sigue llorando cuando trocea el vegetal— luce una amplia sonrisa.

"Estamos muy orgullosos de ser los primeros productores de electricidad a partir de desechos de cebolla, no sólo del país, sino del mundo", dice Gill.

En su compañía se dan hoy cita diversos políticos estatales y locales, así como ejecutivos de Southern California Gas Company (SCGC), en la inauguración oficial del nuevo sistema de producción eléctrica con que ahora cuenta Gill Onions.

"Extrayendo el jugo de los desperdicios, y dejándolos fermentar, se crea suficiente biogás (creado por degradación de material orgánica) como para alimentar dos sistemas de celda de combustible de 300 kilowatios cada uno", explica David Carrel, de SCGC.

Eso representa entre el 35 y 40% del total de la factura de electricidad de la compañía, traduciéndose en un ahorro de 700,000 dólares anuales, a los que se suman los 400,000 dólares que cada año gastaba la compañía para eliminar los desechos que ahora convierte en energía.

Arturo Coronado conoce muy de cerca ese sistema de generación eléctrica que lleva ya un mes operando a prueba.

"He seguido el proyecto desde que era sólo una idea", dice Coronado, nacido en Chihuahua, quien trabaja para la compañía desde hace dos décadas.

Pero cuando comenzó, con un puesto de entrada como operario, no sospechó que llegaría a ser gerente de ingeniería, participando directamente en proyectos tan innovadores como este.