James Gutiérrez, el presidente y fundador de Progreso Financiero creció en Chino, Pomona, y ahí experimentó por primera vez, dice, las dificultades que encaran los hispanos para acceder al mundo del crédito.

"José y María reciben el cheque de la quincena y lo cambian en un negocio que lo convierte en efectivo". De ahí en adelante, hace ver, todas las transacciones se hacen en efectivo.

Cuando estudiaba Administración de Empresas en Stanford (obtuvo la licenciatura en Yale), Gutiérrez se aplicó a estudiar las dificultades financieras de los hispanos y llegó a la conclusión de que las grandes instituciones no estaban sirviendo a las necesidades de estos. "Si quieres un préstamo, lo primero que hace el banco es ver tu calificación crediticia", explicó.

De los ochenta millones de marginados del sistema bancario en EEUU, 25 millones son hispanos.

Su respuesta a ese abandono fue Progreso Financiero, una institución que se basa en un modelo que ofrece micropréstamos (entre 250 y 2,500 dólares), pero además se propone ayudar a sus clientes a construir un historial crediticio. Con ese fin, desarrolló un sistema de puntaje, documentos escritos en español y reglas sencillas.

"Hay que educar a la gente sobre el crédito", dice. En el momento de firmar un préstamo los agentes de Progreso Financiero explican a los clientes el funcionamiento del sistema (por un préstamo de mil dólares, devuelven 1,200 en veinte pagos de 60 dólares cada uno).

Gutiérrez arrancó su negocio en 2005 en el área de San Francisco y ahorá se está expandiendo en Los Ángeles a través de Liborio Market y otros negocios de abarrotes. Todo el proceso de gestión y aprobación de los préstamos tiene lugar dentro de un supermercado, un espacio, según Gutiérrez, donde los hispanos se sienten muy a gusto