"Puse mi crédito para responder por el préstamo que necesitaba un amigo, ¡pero esa persona no ha pagado y ahora yo soy responsable de su deuda!". ¿No has oído alguna vez a alguien quejarse de esa forma? Para que algún día no tengas que quejarte tú también de esa manera, ten en cuenta que en asuntos de dinero lo mejor es actuar sin ambages y con realismo.

Digamos que ya metiste la pata y tu amigo o pariente no puede o no quiere pagar el préstamo que consiguió gracias a ti para comprar, por ejemplo, un automóvil nuevo.

Al ver que no se han realizado los tres últimos pagos mensuales, ya la institución que efectuó el préstamo estará lista para recuperar el carro… y tú te encuentras metido en este lío por la irresponsabilidad de otra persona a quien quisiste ayudar.

Si el deudor no quiere dar el frente a la situación -y no sólo no responde a los acreedores, sino tampoco a tus llamadas por teléfono-, deja tu orgullo a un lado y contáctalo personalmente para hacerle entender su responsabilidad en este asunto y establecer un plan de pago aceptable para el deudor, el acreedor y tú, lo que te quitaría un gran peso de arriba. Si la gestión es inútil, vas a tener que darle tú la cara al acreedor y ver cómo arreglas tu situación.

Si tu amigo lleva ya varios meses sin pagar y el acreedor amenaza con apropiarse del vehículo, probablemente te convenga ponerlo a tu nombre y continuar tú con los pagos. Aún cuando ya tengas un auto con el que eres feliz, una buena solución sería venderlo y usar ese dinero para que te ayude en el refinanciamiento del otro.