¿Cómo le robaron su información? ¡Es difícil saberlo! Hoy día, los delincuentes usan diversos métodos. Estos son algunos de los más frecuentes:
Vigilan a las personas cuando escriben un cheque o cuando sacan su tarjeta de crédito para pagar ¡y anotan sus datos!
Roban registros a los que tienen acceso por su trabajo. También sobornan o engañan a empleados para obtener esa información.
Se apoderan de correspondencia con resúmenes de cuentas bancarias y de tarjetas de crédito.
Fingen ser propietarios de viviendas, empleadores o personas con derecho legal para acceder a los informes crediticios.
Obtienen los números de las tarjetas de crédito o débito mediante el skimming (un dispositivo conectado a un cajero automático, que copia los datos de las tarjetas).
Llaman a las personas por teléfono o les escriben e-mails haciéndose pasar por representantes de compañías con el pretexto de aclarar determinados datos.
Una vez que los ladrones obtienen el número de una tarjeta de crédito, llaman al banco o a la compañía emisora —fingiendo que son el dueño de la tarjeta— y piden que cambien la dirección del domicilio. Entonces, empiezan a comprar.
Otra cosa que hacen es abrir cuentas bancarias y girar cheques sin fondo. También solicitan servicios de teléfono celular o realizan transferencias electrónicas y vacían las cuentas bancarias. Los más atrevidos hasta tramitan préstamos para comprar automóviles o presentan declaraciones de impuestos falsas. Incluso pueden usar la información robada para identificarse ante la policía en caso de que los detengan.
¿Cómo prevenir?Aunque los ladrones de identidad se están volviendo cada vez más audaces y sofisticados, hay medidas de protección que puedes tomar para mantenerlos a raya:
¡Piénsalo antes de dar tu información personal! Lo mismo si te la piden por teléfono, por correo o por Internet, no digas tu número de Seguro Social, de cuenta bancaria o de tarjeta sin estar seguro de que hablas con el representante de una institución digna de confianza.
Ponle contraseñas a tus tarjetas y escoge claves que no sean fáciles de adivinar. ¡Nada de tu mes y año de nacimiento! ¡Tampoco tu apellido materno! Evita también las contraseñas formadas por una serie de números consecutivos; las que combinan números y letras son preferibles.
Sé cuidadoso con tu correspondencia. Echa tus cartas en los buzones de las oficinas de correos. Recoge lo más rápidamente posible la correspondencia que te deja el cartero.









