[Foto: Suministrada]
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Un ejemplo curioso de deuda entre buena y mala es la de la compra de un auto. Casi todos tenemos que pedir dinero para adquirir un transporte, pero este es un gasto en el que a veces incurrimos innecesariamente. Si el auto nuevo gastará mucha menos gasolina que el actual, quizás vale la pena la deuda (si estás seguro de que puedes cumplir con los pagos mensuales), sobre todo en estos tiempos en que el combustible está por las nubes. Pero si estás apretado de dinero y tienes que salir corriendo a pedir prestados $40,000 para comprar un auto —cuando en realidad resolverías bien con uno de $25,000—, ese es un mal negocio. Y recuerda... pocas cosas pierden tanto valor como un vehículo.

Frente a esto, una deuda buena es la del inquilino que paga $25,000 al año, y establece un préstamo hipotecario de tasa reducida en el que pagará $18,000 para comprar casa propia. Antes, perdía todo su dinero; ahora, de propietario, sus pagos de la deuda le crean riqueza en el valor acumulado de su casa.

Como ves, aprender a distinguir las deudas ventajosas de las negativas puede tener un impacto enorme en tu vida financiera. No dejes que las deudas te cohíban de hacer buenas inversiones en tus finanzas, pero tampoco te entregues a ellas sin pensarlo.