[Foto: Suministrada]
1/1

Por ejemplo... digamos que estás endeudado hasta el cuello con una avariciosa tarjeta de crédito que te cobra un 17% de interés... pero vives en una casa por la que el banco te podría ofrecer un préstamo sobre el valor de la propiedad (equity loan) al 6% de interés que, además, es deducible de impuestos. ¡Ni hablar! Sin duda que la deuda del préstamo será mucho mejor que la terrible deuda de la tarjeta de crédito.

Yo creo, sinceramente, que una deuda de tarjeta de crédito con una tasa alta y pagos al mínimo es de lo peorcito que se puede tener. Y húyeles a las tarjetas de crédito de las tiendas, con sus tentadoras ofertas del 10 ó 20% de descuento en la primera compra; si no pagas ese gasto al final del primer ciclo, el descuento "se irá a bolina", como decía mi abuela, y acabarás pagando por tu compra mucho más de lo que valía. Si nos organizáramos para liquidar el saldo a final de mes, no habría problema, pero la mayoría de la gente no lo hace y camina con paso firme hacia el endeudamiento permanente.

Y claro, mientras tu deuda sube, el artículo que compraste con ella —sea un par de zapatos, un auto o una computadora— va bajando de valor con el tiempo. Es más, al momento de salir de la tienda con el par de zapatos en la bolsa, ya estos perdieron más del 50% de su valor. Sin embargo, tú le pediste dinero a la tarjeta para adquirirlos y tendrás que pagar su costo más el interés. Los expertos dicen que, como regla general, nuestra deuda personal no debe exceder el 36% de nuestro ingreso total. Más de esto, ya estamos en problemas, sobre todo si empezamos a saltarnos los pagos de esos préstamos.