Sólo de oírla, la palabra "deuda" suena mal. Pero bien pensada y administrada, esta estrategia económica puede ser un puntal de tu vida financiera... o la causa de tu ruina si no sabes manejarla.
No debería serlo, pero el concepto de deuda es hoy día algo tan innato a la vida norteamericana como la hamburguesa y el beisbol. Mientras más queremos y más tenemos, más nos endeudamos —y lo peor de todo es que nos ponen a nuestro alcance todas las oportunidades para que debamos dinero—, gracias a lo cual los bancos y las compañías de crédito ganan muchísimo dinero. Mejor aún para ellos es que no podamos liquidar nuestros saldos y tengamos que pagar penalidades o saldos mínimos al 18 ó 20% de interés. Las deudas mal administradas sí nos pueden llevar a situaciones bastante desagradables de pérdida de crédito o bancarrota.
Aunque esto suene un poco extraño, lo cierto es que hay deudas malas y deudas buenas. Estas últimas, manejadas con inteligencia, pueden sernos de tremenda ayuda en la búsqueda de una estabilidad financiera. Pero hay que saber diferenciar bien estos dos tipos de deudas, lo cual, según David Rich, el experto en finanzas y principal jefe ejecutivo de Finish Rich, Inc., es muy sencillo: "Todo lo que baja de valor inmediatamente después de haberlo comprado y no tiene potencial para aumentarlo, es una deuda mala", asegura.
¿Qué de bueno puede tener una deuda?
Por el contrario, una deuda saludable es aquella que crea valor, es decir, que a largo plazo produce riqueza: préstamos para estudios superiores, préstamos hipotecarios, préstamos de refinanciamiento para salir de tasas excesivamente altas y préstamos comerciales. También son beneficiosas las deudas deducibles de impuestos, las que se usan para comprar acciones, bonos y otras inversiones que producen buenas ganancias, y las deudas que nos permiten reducir deudas malas que ya tenemos.
Por ejemplo... digamos que estás endeudado hasta el cuello con una avariciosa tarjeta de crédito que te cobra un 17% de interés... pero vives en una casa por la que el banco te podría ofrecer un préstamo sobre el valor de la propiedad (equity loan) al 6% de interés que, además, es deducible de impuestos. ¡Ni hablar! Sin duda que la deuda del préstamo será mucho mejor que la terrible deuda de la tarjeta de crédito.
Yo creo, sinceramente, que una deuda de tarjeta de crédito con una tasa alta y pagos al mínimo es de lo peorcito que se puede tener. Y húyeles a las tarjetas de crédito de las tiendas, con sus tentadoras ofertas del 10 ó 20% de descuento en la primera compra; si no pagas ese gasto al final del primer ciclo, el descuento "se irá a bolina", como decía mi abuela, y acabarás pagando por tu compra mucho más de lo que valía. Si nos organizáramos para liquidar el saldo a final de mes, no habría problema, pero la mayoría de la gente no lo hace y camina con paso firme hacia el endeudamiento permanente.
Y claro, mientras tu deuda sube, el artículo que compraste con ella —sea un par de zapatos, un auto o una computadora— va bajando de valor con el tiempo. Es más, al momento de salir de la tienda con el par de zapatos en la bolsa, ya estos perdieron más del 50% de su valor. Sin embargo, tú le pediste dinero a la tarjeta para adquirirlos y tendrás que pagar su costo más el interés. Los expertos dicen que, como regla general, nuestra deuda personal no debe exceder el 36% de nuestro ingreso total. Más de esto, ya estamos en problemas, sobre todo si empezamos a saltarnos los pagos de esos préstamos.
Mira cómo funciona…
Un ejemplo curioso de deuda entre buena y mala es la de la compra de un auto. Casi todos tenemos que pedir dinero para adquirir un transporte, pero este es un gasto en el que a veces incurrimos innecesariamente. Si el auto nuevo gastará mucha menos gasolina que el actual, quizás vale la pena la deuda (si estás seguro de que puedes cumplir con los pagos mensuales), sobre todo en estos tiempos en que el combustible está por las nubes. Pero si estás apretado de dinero y tienes que salir corriendo a pedir prestados $40,000 para comprar un auto —cuando en realidad resolverías bien con uno de $25,000—, ese es un mal negocio. Y recuerda... pocas cosas pierden tanto valor como un vehículo.
Frente a esto, una deuda buena es la del inquilino que paga $25,000 al año, y establece un préstamo hipotecario de tasa reducida en el que pagará $18,000 para comprar casa propia. Antes, perdía todo su dinero; ahora, de propietario, sus pagos de la deuda le crean riqueza en el valor acumulado de su casa.
Como ves, aprender a distinguir las deudas ventajosas de las negativas puede tener un impacto enorme en tu vida financiera. No dejes que las deudas te cohíban de hacer buenas inversiones en tus finanzas, pero tampoco te entregues a ellas sin pensarlo.