Algunos expertos en el mercado de la vivienda se atreven a afirmar que la actual crisis, junto a todas sus serias inconveniencias, puede traer ciertos beneficios.


“No hay mal que por bien no venga”, dice el refrán, pero en el caso de la crisis hipotecaria es difícil ver algo positivo en un hecho que ha causado que tantísimas personas no puedan pagar sus mensualidades, que haya hecho caer al piso el valor de las casas y que conduzca a embargos que acabarán con la entrega al banco de ese hogar tan querido.

Lecciones aprendidas

Quienes miran esto con la perspectiva de las finanzas a largo plazo, este desastre de la vivienda no es más que una necesaria corrección para remediar los precios injustificables de las propiedades, la especulación desmedida y los préstamos ajustables sin valor que muchas instituciones ambiciosas había dado a personas que, en realidad, no tenían posibilidades de pagarlos. La crisis ha permitido establecer reglas más firmes para los préstamos—de ahora en adelante, quien de verdad no debería echarse arriba la responsabilidad de una hipoteca, no la va a obtener…

Ahorraremos con más cuidado para dar enganches mejores y no cargar con préstamos tan grandes; dejaremos de pensar que comprar una casa, bajo cualquier condición, es una papeleta automática al éxito financiero. Las herramientas de control que se están implementando ahora ayudarán a que en el futuro nadie salga del banco con un préstamo riesgoso, a que la hipoteca no se convierta en un arma de doble filo para el prestatario y para el prestamista. Quienes han tenido problemas para pagar sus cuentas en el pasado sólo podrán recibir préstamos ajustables si demuestran que son capaces de pagar los intereses a los niveles más altos posibles.

Dicen los expertos en bienes raíces que para el 2010 (o quizás desde mediados del 2009) el mercado de casas irá levantando poco a poco la cabeza—empezará a mejorar el valor de la propiedad, las ventas subirán y el mercado tendrá la solidez que no tenía antes. Mientras llega eso, ¿quién podría encontrar ventajas en la actual situación de crisis?

Ventajas

En primer lugar, los bancos están tendiendo alfombras rojas ante los solicitantes de préstamos que tienen un crédito excelente, y ofreciendo envidiables intereses fijos y buenos beneficios hipotecarios. Como el gobierno ha reducido considerablemente  los intereses, es una época buena para agarrar una tasa atractiva, antes que el mercado mejore.

Como los precios de las casas han bajado tanto, quien tenga un enganche aceptable podrá ofrecer por la casa de sus sueños el precio que no hubiera podido imaginarse dos años atrás—muchos propietarios quieren vender, aún a un precio muy inferior al que pagaron, antes que llegar al embargo. (En realidad, compra sólo si cuentas con el dinero de las mensualidades, si vas a vivir allí al menos seis o siete años y si estás dispuesto a que el valor de tu casa pueda caer más en los próximos dos años)

¿Prefieres seguir de inquilino por ahora? Ahora hay alquileres mucho más bajos que hace un tiempo, así que tienes donde escoger (edificios enteros que se construyeron para ser vendidos en condominios, ahora se han convertido en enormes propiedades para la renta). Si estás en el otro lado de la ecuación y tienes propiedades para alquilar, vas a encontrar más gente llamando a tu puerta—son aquellos que no quieren comprar hasta que pase la crisis y prefieren capear el temporal viviendo en casa de otro. Y quienes no escarmienten y tienen todavía algún dinerito que arriesgar en la inversión inmobiliaria, pueden encontrar excelentes ofertas de casas embargadas que los bancos ponen a la venta a precios muy inferiores a los de hace tan sólo unos meses.

Si logras mantener tu propiedad por encima de las dificultades, la nueva ley hipotecaria puede ayudarte muchísimo: enganchar buenas tasas de interés, encontrar precios especiales de renta o de compra, o invertir lo que te sobre. Saldrás de este huracán con pocas tejas rotas.