El activista político Guillermo López acompañado de su abogado Alan Diamant (izq.) y por su patrocinador americano, Jim Carrozo.
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WORCESTER, Massachusetts/AP — Nathaniel Cunningham y su novio vivieron varias semanas en una localidad rural en Jamaica. No se demostraban afecto en público y casi no hablaban con los vecinos.

Una mañana, Cunningham compró el diario local y en su portada decía “Prostitutos homosexuales se mudan a barrio residencial”. Abajo aparecía su dirección.

En los días subsiguientes, según Cunningham, frente a la casa se reunieron grupos de personas que les tiraban piedras y ladrillos y les decían batty boys, una expresión peyorativa para aludir a los gay. Finalmente, la pareja tomó lo que pudo y escapó a pie.

Ese es uno de los muchos relatos que le hizo Cunningham, de 32 años y quien hoy reside en Worcester, a un juez del servicio de inmigración que le concedió asilo en Estados Unidos. Y es muy similar a las historias de un creciente número de gays, lesbianas y transgéneros que piden asilo aduciendo que sus vidas correrían peligro si regresan a sus países porque son homosexuales.

“No tenía otra salida”, expresó Andre Azevedo, un trasgénero brasileño de 39 años que hace poco obtuvo el asilo y vive en Nueva York. “De donde vengo, los hombres heterosexuales se dedican a maltratar a la gente como nosotros por deporte y la policía no hace nada por impedirlo”.

Desde 1994, la orientación sexual puede ser usada para solicitar asilo en Estados Unidos. La ex secretaria de justicia Janet Reno dictaminó en un caso que la persecución derivada de la orientación sexual de una persona podría justifica el asilo.

Hasta hace poco, rara vez se apelaba a ese argumento. Pero en tiempos recientes, una creciente cantidad de personas de Latinoamérica, el Medio Oriente, Africa y el Caribe solicitan asilo por ser homosexuales, según agrupaciones defensoras de los derechos de los gay y de los inmigrantes.